Arte  Edición Nº204 

CUSTODIOS DEL TIEMPO

LAS VIDAS DE UN OBJETO ALBERTO ROLDÁN ANTIGÜEDADES   Una familia de anticuarios, tres generaciones de oficio y cinco espacios en Buenos Aires dedicados a vender piezas de colección destinadas […]

LAS VIDAS DE UN OBJETO

ALBERTO ROLDÁN ANTIGÜEDADES

 

Una familia de anticuarios, tres generaciones de oficio y cinco espacios en Buenos Aires dedicados a vender piezas de colección destinadas a trascender las épocas

Fundada en 2003 en San Telmo, la firma nació con la historia y el oficio de una familia vinculada a las subastas. Hoy, Alberto Roldán representa la tercera generación de un camino que empezaron sus abuelos, su padre y sus tíos cuando crearon Roldán & Cía.

La marca creció y ya cuenta con cinco locales en la ciudad: tres en San Telmo, uno en Retiro y el más nuevo en Recoleta. En estos espacios se reúne lo mejor de su catálogo: una selección de arte, joyas, relojes y antigüedades curada con el ojo de la experiencia. 

 

¿Cuándo descubriste esta tradición familiar?

De chico me crié entre esculturas, cuadros y relojes. Mi padre me regalaba pequeñas esculturas vienesas, porcelanas dinamarquesas, y así me fui encariñando con este mundo mágico. Ahí entendí que no vendemos objetos, vendemos historias y que tenemos la responsabilidad de ser el próximo capítulo de esa pieza histórica. Desde ese día no lo dejé más. Es mi profesión y mi pasión.

 

¿Qué hay en Alberto Roldán Antigüedades?

De todo un poco, pero siempre con selección. Van a encontrar muebles europeos de los siglos XVIII y XIX: cómodas, vitrinas, mesas y otros mobiliarios. Piezas de diseño art nouveau y art déco, objetos de decoración como relojes de mesa, candelabros o espejos, y esculturas en bronce, mármol y otros materiales. En vidrio y cristal, trabajamos con ejemplares únicos de art nouveau y art déco de firmas como Gallé, Lalique, Daum, Le Verre y la mejor cristalería francesa. En platería y joyería, ofrecemos alhajas, cubiertos de plata, mates, objetos criollos y europeos, y servicios de té y café. También tenemos óleos, pintura argentina y europea, esculturas en mármol y bronce, porcelanas y arte oriental. Todas piezas que combinan muy bien con el diseño y la decoración contemporánea.

 

¿Cómo seleccionan las piezas con las que trabajan?

Tenemos tres reglas que no negociamos: la primera es la autenticidad. Lo primero que hacemos es autenticar. Si no estamos seguros de esto, la pieza no ingresa para la venta. La segunda es la calidad y el estado: buscamos ejemplares de calidad sublime y materiales nobles. Preferimos los originales con marcas del tiempo antes que aquellos que hayan pasado por “restauraciones” que les borren el alma. También está la historia: nos interesan aquellos que cuentan algo. Puede ser un mueble francés de 1800, una lámpara art nouveau o art déco, o una pintura.

 

¿Hay un proceso detrás de cada adquisición?

Un circuito cerrado que hacemos en equipo. La tasación y autenticación la realizamos nosotros mismos, apoyándonos en bibliografía especializada, el estudio de marcas y años de ver piezas. Para casos muy específicos trabajamos con peritos externos. Además, disponemos de talleres expertos en cada material para las tareas de restauración. Nuestra filosofía es “conservar, no maquillar”. Una pátina de cien años no se borra. Solo estabilizamos y dejamos la pieza funcional y digna para que los clientes la sigan conservando.

 

¿Qué vínculo con el pasado y la memoria guardan los tesoros de un anticuario?

Una gran conexión emocional. Un objeto antiguo es memoria que podés tocar. Un reloj de mármol no solo marca las horas; estuvo en un living donde alguien pudo apreciar su belleza. Un jarrón o florero vio flores en la mesa de una casa hace doscientos años o más. Nosotros somos custodios temporales. El pasado vive en esos objetos y, cuando pasan a una vivienda nueva, la memoria continúa para crear nuevos recuerdos.

 

¿Qué valor singular tienen las antigüedades?

No creemos que lo viejo sea mejor ni que lo nuevo carezca de valor. Sin embargo, las antigüedades tienen algo que las distingue. El tiempo que atesoran —décadas o siglos—, su reconocimiento en el mercado internacional y esa cualidad casi mágica de convertirse, pieza a pieza, en una colección que acompaña toda una vida.

 

 

Texto: Vivi Vallejos

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