Arte Edición Nº204
CAPA POR CAPA
RESTAURAR PARA CONSERVAR En Fama Galería, Alejandra Ossó y Matías Costantini rescatan pinturas olvidadas y las enmarcan como pequeños actos teatrales. Atravesar el umbral de este espacio […]
RESTAURAR PARA CONSERVAR
En Fama Galería, Alejandra Ossó y Matías Costantini rescatan pinturas olvidadas y las enmarcan como pequeños actos teatrales.
Atravesar el umbral de este espacio en Recoleta es ingresar a lo que sus fundadores llaman “otra galaxia”. Ahí adentro, los tiempos transcurren con una cadencia diferente. Alejandra Ossó y Matías Costantini construyeron un ecosistema de salvataje patrimonial, donde restaurar es un acto de respeto, casi una forma de devoción.

Este refugio señorial de espíritu francés —que alguna vez fue la antigua portería de un edificio— conserva una distribución particular que lo vuelve el escenario ideal para el oficio. En este ambiente, ellos se permiten entrar en ese trance necesario para despojar a las obras de los barnices oxidados y la suciedad acumulada, convencidos de que el arte no muere y que la nobleza de un original bien recuperado siempre encuentra la forma de mostrar su carácter.
Fama Galería nace de una unión disciplinar poco frecuente, Alejandra es el rigor académico, la mano que intervino la piel de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Su trayectoria como restauradora y conservadora de bienes culturales incluye el Teatro Colón —donde trabajó sobre el Manto del Arlequín—, el Congreso de la Nación, la Auditoría General y el Palacio Guerrico. Hoy vuelca ese conocimiento en el Instituto Félix Bernasconi para proteger el patrimonio pictórico de las escuelas porteñas.
Matías aporta la mirada del estilista y la herencia de un linaje artístico. Hijo de un artista plástico, creció entre bastidores y pinceles. De esa formación autodidacta nace su forma de diseñar marcos, que él mismo define como “teatral”: cada pieza tiene entrada, clímax y resolución, como un pequeño acto escénico alrededor del cuadro.

Juntos armaron un lenguaje propio que une el oficio de la restauración con la creatividad artesanal para darle nueva vigencia y circulación a piezas que el tiempo parecía haber condenado al olvido. “Fama Galería surgió como un nombre fuerte, que tiene carácter. Es canchero, corto, te lo acordás. Remite a la fama de los artistas, a darles visibilidad”, coinciden los fundadores.
EL FLECHAZO
Todo empieza con un flechazo. Buscan la potencia de una imagen, la destreza y la honestidad de lo pintado, esas cualidades difíciles de explicar pero imposibles de no reconocer cuando aparecen frente a los ojos. El criterio curatorial es estricto: prefieren obras sin intervenciones previas dudosas, solo aquellas en estado original. “La restauración profesional busca ese reencuentro con la capa pictórica tal como fue concebida, retirando la suciedad y la oxidación que, como una degradación pareja, oculta los colores vivos de la intención original”, dice Alejandra. Es, en el fondo, un trabajo de arqueología silenciosa: descubrir qué había ahí antes de que el tiempo empezara a taparlo.

Si la restauración es el rescate del alma, el marco coloca a la pieza en el presente. “La obra de arte no tiene tiempo, no muere. El marco es lo que la sitúa en el tiempo”, explica Matías. Él es quien investiga métodos antiguos —el dorado a la hoja, las pátinas artesanales— y los aplica con mirada contemporánea. Sus marcos, a menudo oscuros y profundos, le dan a la obra un vuelo que la vuelve pieza de colección inmediata.

Cada ensamble es único, intervenido unión por unión. Así, un óleo de principios del siglo XX puede dialogar sin fricciones con un living de diseño actual. Cuando el marco original lo permite, también se revaloriza: los viejos caminos entelados dan paso a varillas pintadas que refrescan todo el conjunto.

En cada cuadro restaurado hay siempre un pequeño hallazgo: “Nuestro mejor momento es descubrir detrás del papel de enmarcado otra firma o una fecha”, acuerdan.
EL OBJETO Y EL ESPACIO
Fama se corre del concepto tradicional de galería-nicho, reservada para un puñado de coleccionistas iniciados. Su comunicación es llana, casi coloquial. El objetivo es democratizar el acceso al original: que una pareja que recién arma su casa pueda tener una obra con historia, no solo una lámina enmarcada comprada en serie.

La experiencia es personalizada, con cita previa. Se pueden ver las obras “en situación», imaginadas sobre una cómoda o en un recibidor. Quien llega hasta Fama Galería se lleva un asesoramiento técnico. Alejandra y Matías enseñan a convivir con el arte al advertir sobre los peligros de la luz —el agente de deterioro más implacable— y sobre los marcos con caminos entelados que, al oxidarse, “envejecen peor que la propia obra”.

Texto: Eliana Giudiche

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