Decoración  Edición Nº204 

TAN PERSONAL

  Hall pintado a rayas, un recurso que identifica a los proyectos de la arquitecta Guadalupe Diez. “Me gustaron desde que era chica porque dan sensación de orden y cierta […]

 

Hall pintado a rayas, un recurso que identifica a los proyectos de la arquitecta Guadalupe Diez. “Me gustaron desde que era chica porque dan sensación de orden y cierta audacia”, cuenta. Silla creada para la muestra El toque maestro. Candelabros de Julio Oropel y José Luis Zacarías Otiñano. Sillón BKF, heredado. Apliques de pared (Duveen). Cuadro de Juan Manuel Romero. Alfombra (Calma Chicha).

 

En el ingreso, obra de Jessica Trosman. Al fondo, una pintura de Guadalupe. Living con dos sillones largos enfrentados. Almohadones de terciopelo (Galería Ensemble). Mesa ratona con patas de cubos pintados y libros. Dúo de cuadros y obra en marco antiguo, de María Silvia Corcuera. Biblioteca diseñada para la edición 2023 de Casa FOA. Mesa de arrime (Mar Abierto). Lámpara (Paul French Gallery). Sillón Egg (Manifesto).

Biombo de espejos que sirvió como disparador para crear las dos mesas circulares. Las figuras de los monos en las pantallas de papel (Treasure Trove) suman impacto en este sector que define los límites del comedor. Sillas heredadas y restauradas. Biblioteca hecha a medida, que contiene la tele y enmarca al living destinado a ver y escuchar óperas. Almohadones de terciopelo (Galería Ensemble). Velas de colores (Bristol). Juego de maderas (Tortuga.ar). Juguete (Moma Store). Alfombras Ecco (Rugit).

 

Paredes negras que le dan un clima sobrio al estudio. Sobre el Chester, una obra de Guadalupe. Cubo revestido con fragmentos de alfombras de la colección Desso (Tarkett). Candelabros de Julio Oropel y José Luis Zacarías Otiñano. Escritorio heredado, acompañado por una silla a cuadros (Bull Buenos Aires). Un jardín interior de orquídeas, ficus pandurata y otras especies de interior.

 

Cocina con alacenas que llegan al cielorraso y un gris neutro luminoso en las paredes. Sobre el especiero, un cuadro que Guadalupe atesora: se lo regaló una amiga que, junto a su mamá, despertó en ella el interés por el interiorismo cuando era chica. Derecha: plato de cerámica fruto de las clases en el taller Lo de Helen. Alfombra vinílica (Rugit).

 

“Se ve que nos estaba esperando”, dice la arquitecta Guadalupe Diez sobre el departamento de Retiro donde vive con su marido, Francisco Marconi —también arquitecto y socio del estudio Marconi Silva—, y los hijos de ambos: Magui (14), Cata (13) y Agustín (10). Hacía tiempo que esta planta de estilo señorial, ambientes de superficies generosas, pisos de madera y techos altísimos estaba vacía. Seguramente, necesitaba quienes potenciaran todas sus cualidades y no podría haber caído en mejores manos: Guadalupe es una referente indiscutida en el panorama de la arquitectura local y su casa es el reflejo de su estilo genuino. “Dentro de lo clásico, me gusta sumar algún elemento inesperado”, afirma la interiorista con proyectos premiados en FOA y Estilo Pilar, entre otras exposiciones. Esa determinación que surge naturalmente se manifiesta desde la entrada. Lo primero que ven los visitantes es el hall, con paredes y techos pintados a rayas: un sello de sus proyectos que hilvana los espacios. Sobre la base de una combinación de detalles clásicos y contemporáneos, Guadalupe y Francisco Marconi construyeron un lenguaje ecléctico que relata la historia, el presente y los gustos de una familia que disfruta cada metro del lugar que habita. En todos los ambientes conviven las obras de arte, los cuadros pintados por la dueña de casa, los objetos atesorados, heredados y regalados que hablan de la importancia de los afectos. El oficio se ve en recursos como la boiserie del comedor, que aporta volumen, modera la altura del techo y da sensación de contención; en los tótems del comedor o el par de cubos que sostienen la mesa ratona del living, pintados por Diez. Ejemplos de los tantos que hay en esta vivienda que le hace honor al refrán: en la mezcla está el gusto.

Calaf y Cooper en el espacio de juegos y reuniones de los amigos de Magui, Cata y Agustín. Mesa de fibra de vidrio y líneas curvas resistente a las pinturas y los marcadores de acrílico. Alfombra (Elementos Argentinos). El baúl es un regalo de María Silvia Corcuera. En la pared, grabados de Juana Alfaro. Tapaditos de alpaca de Perú en el maniquí de las niñas de la casa. Lámpara de María Gutiérrez.

El dosel de género pintado por Catalina Ruiz formó parte del auditorio premiado que proyectó Guadalupe para la edición 2025 de Casa FOA. La obra requirió 900 metros de tela y lámparas que creaban una atmósfera onírica. Pintura comprada en Salta. Cómoda antigua con nueva tapa de mármol. Cubre edredón, almohadones y sábanas (Linen Store). Alfombra de la colección Atelier (Rugit).

 

 

 

 

 

Estudio: Arq. Guadalupe Diez y Arq. Francisco Marconi

Fotos: Pompi Gutnisky

Texto: Viviana Álvarez

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