Edición N° 205  Entrevistas 

LUZ CONTEMPORÁNEA

MONO CROMO, LÁMPARAS DE AUTOR: UN PROYECTO CON HISTORIA FAMILIAR, PROCESOS ARTESANALES Y PRODUCCIÓN LOCAL   Hay objetos que simplemente cumplen una función y hay otros que tienen la capacidad […]

MONO CROMO, LÁMPARAS DE AUTOR: UN PROYECTO CON HISTORIA FAMILIAR, PROCESOS ARTESANALES Y PRODUCCIÓN LOCAL

 

Hay objetos que simplemente cumplen una función y hay otros que tienen la capacidad de habitar un espacio. En el universo de Mono Cromo, una lámpara es mucho más que una fuente de luz, es una escultura que viste el ambiente durante el día y una creadora de atmósferas cálidas cuando cae la noche.

El proyecto, llevado adelante por las hermanas Paz, Azul y Juana Furlong, nació en 2020 casi como una continuación natural de una infancia atravesada por los libros de arquitectura, las visitas al negocio de decoración de sus abuelos maternos y la mirada atenta de una madre fanática del interiorismo. “Aunque somos nosotras tres las que llevamos el día a día, Mono Cromo tiene mucho de proyecto familiar. Nuestra mamá, Fernanda, y nuestro hermano, Mateo, forman parte de la marca desde un lugar muy presente: nos acompañan en las decisiones, aportan desde lo que sabe cada uno y nos ayudan a sostener muchas de las cosas que suceden detrás de lo que se ve”, dice Azul, portavoz de la marca. “Y nuestro papá, Juan, es ese apoyo incondicional que siempre está, quizás desde un lugar más silencioso, pero sabiendo que si lo necesitamos, aparecerá”, agrega. Lo que comenzó como un taller de muebles hechos a medida mutó hacia el diseño de iluminación contemporánea, en un recorrido por  los cimientos familiares, el valor del trabajo artesanal en Argentina y la ambición de llevar el diseño nacional a las capitales del diseño internacional.

 

 

—¿Qué significa el nombre Mono Cromo y cómo representa la identidad de sus productos?

—El nombre nació con la marca y con nuestra forma de entender el diseño. Siempre nos gustó lo simple, lo atemporal, trabajar dentro de una misma gama de tonos y dejar que sean los materiales, las texturas y los detalles los que le den carácter a una pieza.

Cuando hacíamos muebles buscábamos eso, objetos que pudieran convivir con un espacio durante mucho tiempo, sin cansar ni hacer ruido, pero que al mismo tiempo tuvieran algo distinto, algo que hiciera que los mires.

Con las lámparas esa idea tomó todavía más sentido. Trabajamos mucho con tonos naturales, madera, cuero, rafia y materiales que tienen su propia textura y personalidad. No necesitamos llenarlos de color para que tengan presencia. Mono Cromo habla justamente de ese equilibrio que buscamos siempre, hacer algo simple sin que sea obvio, atemporal sin que pierda personalidad y con carácter sin necesidad de imponerse.

 

—¿Cómo es el proceso artesanal paso a paso desde que surge un boceto hasta que la lámpara se termina?

—Generalmente todo empieza con una inquietud, una necesidad que vemos en un cliente, algo que sentimos que falta, una mejora sobre una lámpara que ya tenemos o simplemente un “¿y si probamos esto?”. A partir de ahí dibujamos, pensamos formas, proporciones y materiales. Paz lleva más la parte de bajar esas ideas y acompañar la producción, pero el diseño es muy compartido. Si nos vieran, muchas veces somos literalmente una ronda alrededor de una lámpara opinando cómo queda mejor. Participamos las tres, escuchamos muchísimo a los artesanos y talleres con los que trabajamos y hasta nuestra familia termina involucrada. Después vienen las pruebas, muchas de las cuales acaban en la casa de nuestros papás, que ya es nuestro gran archivo de prototipos, y vamos ajustando hasta que pasa algo bastante intuitivo, la vemos y sabemos que está lista. Cumple con lo que imaginábamos o, a veces, termina sorprendiéndonos y siendo incluso mejor.

 

—¿Cuál es el modelo más complejo de fabricar y cuál se convirtió en la pieza insignia de la marca?

—Cada lámpara tiene sus mañas, pero quizás la Boru sea una de las que más nos desafió. Tiene varios procesos y necesita mucha precisión para que la rafia, las costuras y su forma queden perfectas. Con los años fuimos entendiendo cada una de esas mañas y mejorando su proceso. Hoy es una de nuestras piezas más logradas y, curiosamente, también la más elegida. Un diseño que muchas veces ya se sabe que es de Mono Cromo, y eso para nosotras es enorme. Además, resume muy bien nuestra esencia, tiene algo escultórico sin invadir, es sobria, simple y atemporal, pero su forma le da muchísimo carácter.

 

—¿Cómo conviven la escultura visual y la función lumínica sin sacrificarse mutuamente?

—Es parte de todo el proceso de diseño. Por más escultórica que sea una lámpara, nunca nos olvidamos de que tiene que iluminar bien y, sobre todo, lindo. Probamos cómo sale la luz, cómo se proyecta y qué sensación genera hasta encontrar ese equilibrio. Y también entra en juego la atención personalizada, entendemos qué necesita iluminar cada cliente y qué atmósfera quiere generar para recomendarle la mejor opción. La luz es algo muy personal y una misma lámpara puede sentirse distinta según cómo y dónde se use.

La sustentabilidad es algo que incorporaron desde la propia forma de producir. 

Todas nuestras lámparas se hacen a pedido, por lo que no producimos stock de piezas terminadas que quizás nunca se utilicen. Eso nos permite trabajar de una manera mucho más consciente y evitar la sobreproducción. También tratamos de aprovechar al máximo los materiales y muchas veces los descartes terminan disparando nuevas ideas. De hecho, uno de nuestros apliques nació a partir de los círculos de rafia que sobraban al cortar las piezas de la Boru. Nos daba mucha pena descartarlos, empezamos a probar qué podíamos hacer con ellos y de ahí terminó naciendo un producto nuevo. La sustentabilidad aparece ahí: producir lo que realmente se necesita, aprovechar mejor lo que tenemos y pensar antes de descartar.

 

 

 

Texto: Jimena Sampataro

SUSCRÍBASE A D&D

Por solo $100000 anuales reciba la revista D&D en su domicilio y obtenga la tarjeta de beneficios exclusivos Club D&D.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER