Arte Edición Nº204
Océanos
Artista invitada: Pia Segura Una foto en blanco y negro se asoma desde la repisa de su antigua casa en la ciudad, es una foto de Pia con no mas […]
Artista invitada: Pia Segura
Una foto en blanco y negro se asoma desde la repisa de su antigua casa en la ciudad, es una foto de Pia con no mas de cuatro años saliendo del mar con una sonrisa efervescente.
Pia recuerda que cuando era chica, su mamá solía darle crealina y el gusto que le afloraba por moldear la masa con sus manos. Recuerda con humor cuando en el colegio le hacían desbastar jabones convirtiéndolos en ceniceros; esos momentos en los que sus creaciones salían del papel para convertirse en cuerpos capaces de sostenerse por sí mismos y dialogar con el espacio, guardar la luz y proyectar sus sombras.

Paradójicamente con el pasar de los años, Pia se forma como periodista y vuelca su carrera en palabras sobre el plano del papel. Parece que un día de mayo de hace no muchos años, la hoja le volvió a quedar chica y del llano terreno de lo rutinario brotó la necesidad de un cambio, de reclamar algo que alguna vez fue suyo y con el tiempo se disfrazó de ajeno. Su necesidad tomó la forma de clases de cerámica de la mano de Cecilia Nigro, allí encontró un grupo de mujeres dedicadas al arte y al diseño y vio que un camino de arte era posible. Pia se reencuentra con el deseo de darle forma al barro y cuerpo al cambio para formarse en vocación.

No es ciencia oculta, los cambios traen cambios. Pia dejó la ciudad y colgó sus taquitos para poner las manos en el barro. Continúa siendo alumna y compañera de ese grupo de mujeres que la inspiran a seguir dándole un cuerpo a su deseo. En su casa con jardín se hizo un taller donde a la par de trabajar su obra, da clases a otras mujeres.

Las obras expuestas forman parte de las series “Aire”, “Huellas del viento” y “Fondo de mar» creadas entre el 2024 y la actualidad donde la artista explora las reglas que impone la tierra. Sus esculturas remiten a una naturaleza elemental, la arcilla y el agua que la amansa para así volverse moldeable. El aire solidifica la estructura que más tarde el fuego termina por sellar.
Afortunadamente pertenezco a uno de estos grupos de creaciones a las que Pia le dio un cuerpo. Verla dar forma a sus obras es parte de mi cotidianeidad, para quien como yo desconoce la primera persona de esta disciplina, su coreografía del hacer es una escena que transforma la mirada en observación y la observación en contemplación. Con una mano sostiene la arcilla mientras la otra se mueve, empuja, traslada la materia de un lugar donde se concentra a otro donde antes no existía, genera puntos de apoyo y puntos de quiebre, zonas cóncavas y convexas abren el paso al viento que a la par de los ojos de quien la observa provocan esa danza que es mirarla.
Texto curatorial por Mía Okecki
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