Arquitectura  Decoración  Edición N°202 

HISTORIA VIVA

  Al estilo de Capri, un patrón de rayas en colores borgoña y marfil unifica a las piletas y las duchas exteriores de esta masseria llamada Partemio. Gustavo Antonioni eligió […]

 

Al estilo de Capri, un patrón de rayas en colores borgoña y marfil unifica a las piletas y las duchas exteriores de esta masseria llamada Partemio. Gustavo Antonioni eligió esta combinación refrescante como una evocación a la esencia de la dolce vita que invita a disfrutar de las alegrías y los placeres sencillos. Flotador (Petites Pommes).

 

 

“Cuando limpiamos la bóveda de ocho puntas, se reveló el tono azul que estuvo oculto bajo capas de cal durante siglos. Por supuesto, lo mantuvimos sin intervenciones. El interiorismo de Partemio es una mezcla de objetos de distintas épocas y estilos. No hay reglas, busco lo que me parece confortable”, dice Gustavo.

 

En el living, revistieron la alzada de la chimenea con azulejos de mayólica españoles de 1800. Sofá de líneas contemporáneas Arne Corner (B&B Italia). Mesa baja y pufs (noo.ma). Araña de hierro forjado y jarrón de terracota provenientes de mercados locales. “Celebro los encuentros inesperados entre lo moderno y lo antiguo”, dice el dueño de casa.

 

 

Las puertas del baño se hicieron con dos antiguos confesionarios. Bacha fabricada con piedra rosa de la región de Puglia, famosa por sus minerales. Espejo traído de un anticuario de Florencia. Para los diseños de los pisos cementicios usaron las matrices del siglo XIX que Antonioni rastreó en fábricas de la zona. En la torre morisca, Torretta Bar es uno de los espacios más preferidos por todos. La barra de mármol de Apricena también se usa como altar para celebrar bodas.

 

 

 

“En esta casa llevo una vida tranquila, creativa, conectada con la naturaleza, sin opulencia ni ostentación. Eso mismo es lo que les ofrezco a los huéspedes: la experiencia de quedarse en la casa de un amigo donde hay confianza, cercanía y vivencias tan simples como transformadoras”.

 

El día que cumplió 48 años, Gustavo Antonioni recibió un regalo inesperado. Con un recorrido exitoso como ejecutivo de marketing en las compañías líderes de entretenimiento a nivel global, decidió alejarse del vértigo del mundo corporativo para entregarse a un ritmo más sereno. Nacido en Argentina, creció entre México y Estados Unidos y vivió en varias ciudades europeas. Sin embargo, su espíritu cosmopolita se rindió ante la belleza rústica de la región de Puglia, al sur de Italia.

En una de sus recorridas con agentes inmobiliarios, encontró una masseria —como llaman a las casas de campo de la zona— de aire palladiano y torre morisca, casi en ruinas. Aunque no era la propiedad que buscaba para instalarse, Gustavo, que también es arquitecto, vio una torre aún majestuosa, circulaciones amplias, una división clara entre sectores y las huellas de siglos de historia que merecían ser rescatadas. Conmovido por una construcción noble que resistía al abandono, comprendió que el proyecto de un refugio íntimo, se ampliaría a una casa abierta para compartir.

Desde el inicio de la restauración del edificio, que tuvo varias etapas y puso a prueba su temple, Antonioni propuso un encuentro respetuoso entre la estructura y los detalles de estilo, con giros contemporáneos y recursos tecnológicos como aislación, climatización y carpinterías de acero que aportan confort. Los ambientes centrales se destinaron al uso público y las antiguas caballerizas se reconvirtieron en estudios y cinco suites.

La paleta histórica se conservó gracias a la arquitecta y restauradora María Formosi, que le confió a Gustavo la fórmula de la pintura y de los pigmentos como el rojo pompeyano de la fachada que es la seña de identidad de la casa. Con esplendor renovado, Partemio recibe a quienes buscan sumergirse en la auténtica vida rural entre viñedos, corrales, olivos, mercados y visitas a las nonnas que cocinan platos típicos y transmiten recetas que no se escriben, pero quedan en la memoria como las vivencias que nos marcan para siempre.

 

 

 

Antonioni frente a la masseria que tuvo varias vidas: fue construida en 1608 para una familia de la nobleza y en 1753 pasó a manos del patrimonio de las monjas benedictinas de Oria. En 1820 se sumó la torre y por esos años fue sede de una congregación que usaba la finca para producir leche. Un siglo fue casa de campo de otra familia de la zona y estuvo abandonada durante 50 años.

 

 

 

La suite Dora, bautizada así en honor a la mamá del anfitrión, es la más grande. Las paredes blancas son la base ideal para los tonos neutros de las bóvedas. Cabeceros de 1900. Sillas y veladores traídos de un mercado de Países Bajos. Almohadones de lana de oveja de Argentina. Ropa de cama hecha a medida en Puglia. Piso de terrazo artesanal, con fragmentos de mármol, piedras regionales y acabado mate.

 

 

Gustavo viene de una familia ligada a la agricultura y la hotelería. Además, es pariente de Michelangelo Antonioni y por eso, esta suite lleva el nombre del reconocido director de cine italiano. En este caso, fue necesario construir el techo por completo y optaron por una bóveda limpia en forma de barril.

 

 

 

Fotos: Fionna Walker Arnott

Texto: Viviana Álvarez

 

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