CARTOGRAFÍAS Edición N°202
LO IMPORTANTE ES EL CAMINO
Anita Gil —curadora, editora y artista visual— mantiene intacto el recuerdo de un ritual que compartía con su padre durante la infancia: juntos se internaban sin apuro en las librerías […]
Anita Gil —curadora, editora y artista visual— mantiene intacto el recuerdo de un ritual que compartía con su padre durante la infancia: juntos se internaban sin apuro en las librerías y disquerías de la avenida Corrientes. Aquellas largas expediciones modelaron su gusto por la contemplación y por el arte en todas sus formas, así como su expresión a través de la escultura, la fotografía y la escritura.

Desde entonces, guiada por su espíritu flâneur, vive en un estado de exploración constante, tras la pista de piezas que cuentan historias y son capaces de transformar la vida cotidiana. Ese ejercicio de investigar, hallar y difundir la belleza y la filosofía del consumo consciente la impulsó a crear La Cúpula, un espacio de arte y diseño coleccionable donde despliega su mirada estética.
La curaduría de las obras surge de una intuición infalible y de la emoción que le despierta cada pieza. El resultado es una colección de identidad clara, en la que se reconocen las huellas del modernismo y el minimalismo, la grandeza de los materiales en estado puro y el respeto por los tiempos del quehacer artesanal.
En el catálogo de La Cúpula confluyen tres vertientes: colaboraciones junto a profesionales y artesanos que preservan oficios tradicionales; piezas originales de maestros como Alberto Churba, Ricardo Blanco o Eduardo Cabrejas; y este año, la novedad que marcará un hito es el lanzamiento de ediciones especiales producidas exclusivamente.
“Lo que propongo es lo que vivo: la elección sensible de elementos que despiertan sensaciones. Tengo una serie de lámparas y cada día, al caer el sol, las enciendo. Sé que detrás de cada una hubo alguien que pensó, dibujó, cometió errores y aciertos, y siguió las etapas de fabricación: eso es emocionante”, cuenta Anita, quien sigue creyendo en los rituales que enriquecen la vida.

Quequén
“Siento una gran conexión con la energía del mar. Por eso, mi cartografía comienza en Quequén. Allí, mi bisabuelo tuvo un almacén de ramos generales que abastecía a los campos de la zona. Cada verano, la familia se instalaba en una típica casa chorizo que todavía sigue en pie. Pasábamos temporadas inolvidables en esas playas rústicas, de olas desafiantes y vientos poderosos”.

Avenida Alvear
“Es una de las calles más lindas de Buenos Aires, la conozco muy bien y, sin embargo, no deja de fascinarme. Si me ven por ahí, seguramente sea cámara en mano, retratando las huellas de su estilo francés, fachadas, faroles, mansardas y jardines. Recomiendo entregarse al recorrido que va desde el Hotel Alvear hasta la Embajada de Francia, pasando por el Palacio Duhau y la Nunciatura”.

Parque Lezama
“Cuando iba a la universidad pasaba horas leyendo en los bancos del parque o caminando por los senderos que siguen las ondulaciones de la barranca. Hay algo de la cultura oriental, que tanto admiro, en esa invitación a confiar en el trayecto. Es un lugar que aún refleja el esplendor de finales del siglo XIX, un periodo que influyó profundamente en la arquitectura y el diseño”.

Bellas Artes
“La Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes nos abrió las puertas para realizar la curaduría de Constelación, la exhibición de diseño coleccionable de La Cúpula, que ya lleva dos ediciones. Durante este proyecto, seguí de cerca la evolución del Paseo de las Esculturas, con obras de Noemí Gerstein, Líbero Badii, Antoine Bourdelle y Alberto Lagos, entre otros. Es emocionante ser testigo de la creación de un espacio público diseñado para que todos puedan contemplar y entrar en contacto directo con el arte”.

Taller Posible
“Uno de los aspectos que más disfruto de mi labor es la investigación. Todas las semanas recorro La Boca, Coghlan, Paternal o Colegiales en busca de talleres que mantengan vivos los oficios. Así conocí a los creadores de Taller Posible, dedicados a la carpintería en maderas macizas como incienso, guatambú y lapacho. Con ellos proyectamos las piezas que exhibimos tanto en su sede del Edificio Kavanagh como en la muestra Constelación”.
Texto: Viviana Álvarez

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