Arquitectura  Arte  Diseño  Edición Nº203 

ECO AL INFINITO

UNA INSTALACIÓN MONUMENTAL  EN LUMINA SAN ISIDRO   La artista multidisciplinaria Constanza Schwartz interviene el atrio vidriado del complejo con una obra que transforma el tránsito cotidiano en experiencia inmersiva. […]

UNA INSTALACIÓN MONUMENTAL 

EN LUMINA SAN ISIDRO

 

La artista multidisciplinaria Constanza Schwartz interviene el atrio vidriado del complejo con una obra que transforma el tránsito cotidiano en experiencia inmersiva. Con la curaduría de Facundo López, geometría, luz y símbolo suspendidos bajo una bóveda transparente de proporciones catedralicias.

 

El atrio de Lumina San Isidro no es un hall convencional. Proyectado por el estudio Mario Roberto Álvarez (MRA+A), con triple altura, 128 metros de largo por 16 de ancho y conexión directa con cuatro hectáreas de parque, este espacio funciona como un verdadero ecosistema donde arquitectura, tecnología y naturaleza operan de forma integrada para una comunidad de más de 4 mil personas. El verde se incorpora como materia principal y diluye los límites entre interior y exterior para crear un paisaje contenido: la intervención de Schwartz busca tensar ese vacío simbólico y cargarlo de sentido en un edificio que se vuelve escenario vivo. “Sus obras nunca son estáticas, son materia activa que opera sobre el espacio y el espectador participativo”, dice el curador Facundo López sobre la artista. 

 

 

GEOMETRÍA, PUNTO DE PARTIDA

 

Sobre ese vacío, cuatro cuerpos escultóricos configuran un manto ondulante de colores intensos y superficies reflectantes que se despliega a lo largo de 108 metros. El triángulo —patrón rector de la estructura abovedada del edificio— es el punto de partida formal: Schwartz lo toma y propone una derivación evolutiva que se independiza del orden arquitectónico inicial. A través de la repetición y el ritmo, las figuras generan un “eco visual” que se proyecta hacia las fachadas vidriadas del entorno y se multiplican hacia el infinito. La artista parte del alfabeto de formas propuesto por Carl Jung para apelar al inconsciente colectivo, de allí surgen esculturas que remiten tanto a figuras míticas como a objetos de una arqueología del futuro: presencias con una universalidad anacrónica que buscan conectar con las emociones más primarias del espectador.

 

 

 

LA OBRA QUE VIVE EN LA LUZ

Los materiales fueron elegidos por su capacidad de reflectancia. La luz natural, al atravesar la cubierta transparente, proyecta sombras y reflejos cambiantes sobre pisos y superficies: las phantasmagories de la artista, inspiradas en los espectáculos de ilusiones ópticas del siglo XVIII. El resultado es una segunda obra inmaterial que difumina la percepción entre lo real y lo virtual, lo público y lo privado, y que existe solo en el momento y desde el ángulo exacto en que cada persona la encuentra.

 

UNA CEREMONIA MÍNIMA

Licenciada en Diseño de Espectáculos y formada en escenografía y dirección de arte, Schwartz trabaja bajo el concepto de subjetivismo escénico: la obra es un sistema dinámico que se completa con la presencia humana. El espectador deja de ser un observador pasivo: mediante su desplazamiento por los diferentes niveles y perspectivas, dota de nuevos sentidos a la instalación.

Para el curador y la artista, Eco al Infinito presenta una pausa: una utopía que integra una conciencia estética en los rituales diarios. “Una capa de conciencia sensible para acompañar la monotonía habitual de lo cotidiano”, dicen ambos. “Una ceremonia mínima que interrumpe la dinámica programada con un destello de belleza”, agrega López. Con manufactura de Indigo Lumieres y Gota Arquigrafía, e ingeniería de Mónica Mostajo y Franco Lavra.

 

Texto: Eliana Giudiche

 

 

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