Arte Edición N°202
EL OFICIO DE LA FORMA
UNA EXPERIENCIA ESTÉTICA EN PASTA DE PAPEL La escultora Elba Bairon piensa sus obras como escenas y revela su proceso: el ritual del café, las maquetas y ese momento […]
UNA EXPERIENCIA ESTÉTICA
EN PASTA DE PAPEL
La escultora Elba Bairon piensa sus obras como escenas y revela su proceso: el ritual del café, las maquetas y ese momento en que la pieza encuentra su lugar exacto.

Elba Bairon (Bolivia, 1947) construyó un lenguaje propio trabajando con yeso y pasta de papel. Del vestuario teatral de los ochenta a las instalaciones de gran escala, su obra pasó por el MALBA, el Museo de Arte Moderno y el MNBA. Recibió el Premio Konex de Platino en 2022. Ganó el Premio Grupo Chomer 2023 con “Geometría afectiva” y en 2012 el Gran Premio del Salón Nacional en Nuevos Soportes e Instalación, como así también el Premio Federico Klemm a las Artes Visuales.
LA RUTINA COMO MÉTODO
Para Elba Bairon, el arte no es un evento fortuito, sino una tarea cotidiana. Se define a sí misma bajo el concepto de “obrera” y “artesana” y entiende su práctica como un ejercicio diario en el taller. Su método es riguroso: se sumerge en una rutina donde las ideas se maceran. En sus estanterías y carpetas descansan cuadernos y dibujos que funcionan como semillas; proyectos que a veces quedan suspendidos hasta encontrar el espacio para germinar.
—¿Cómo es tu espacio de trabajo y qué necesitás para crear?
—El taller es mi refugio. Cada mañana llego y empiezo con el ritual del café, el remoloneo. Tengo todas esas agenditas donde guardo ideas que a veces quedan suspendidas hasta que aparece el espacio indicado. No me da seguridad que una muestra anterior haya estado bien… empiezo como si siempre empezara de cero. Prefiero hablar de experiencia antes que de crecimiento profesional.
LA OBRA Y EL ESPACIO
En los últimos años, la obra de Bairon ha dado un giro hacia lo espacial. Para ella, las esculturas no son objetos aislados, sino “escenas” que deben situarse y dialogar con su entorno.
—¿Cuándo empezó este enamoramiento por el espacio como parte de la obra?
—Fue hace unos años. Me di cuenta de que no me interesaba tanto el objeto aislado, como una situación o una escena donde las esculturas dialogan con el lugar. En el Museo de Arte Moderno construí una arquitectura a escala natural en el subsuelo. Era interesante que el espectador recorriera y se sintiera parte de ese ámbito.

UN PÁJARO DE CHAPA DE HIERRO EN EL DESIERTO
El proyecto que marca su presente se traslada a la Bodega Zonda, en San Juan. Invitada a crear para un entorno árido de montañas y viñedos, Bairon propuso una instalación que será parte de un espacio de esculturas.
—¿Cómo fue trabajar con ese paisaje?
—Es un espacio imponente, árido, de montañas y viñedos. Diseñé para esto una construcción geométrica con un pájaro y una figura, proponiendo así un modo de ver, un acercamiento metafísico y extraño. La ubicación de las obras acompaña y juega con el sol sanjuanino, y los gestos de la instalación crean un escenario surrealista.
—¿Cómo es tu proceso para pensar una pieza de estas dimensiones?
—Trabajo con dibujos. Después los convierto en maquetas en el taller. Me gusta ese doble proceso, esa traducción. Cada paso me ayuda a llegar a la idea planeada.
PRIMERO ESTÁ EL PROCESO
A pesar de su meticulosidad, Bairon sabe que hay un momento donde la obra debe seguir su propio camino. Su vínculo con los curadores es fluido, basado en la colaboración y el respeto por la esencia de la idea.
—¿Cómo sabés cuándo una escultura está terminada?
—Cuando muy naturalmente me agoto. Si siento que algo sobra o molesta, es momento de dejarla fluir. Prefiero que hable por sí misma.
—¿Cómo es tu relación con los tiempos de entrega?
—Son necesarios, me ayudan a cerrar. Pero la pasión está en el proceso, en ese devenir entre cafés y música. Ahí es donde encuentro el verdadero sentido de lo que hago.
Mientras las piezas encuentran su punto exacto bajo el sol de San Juan, Elba Bairon sigue siendo esa obrera meticulosa que llega cada mañana a su taller de San Telmo. Para ella, cada proyecto es un volver a empezar. No hay obra final, solo huellas de un proceso que continúa. Al final, como ella misma dice, se trata de soltar para que la escena quede en manos del espectador.

Texto: Eliana Giudiche

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