Decoración Diseño Edición Nº203 Editorial
Editorial
APOLOGÍA DE LO CURSI Siento debilidad y especial atracción por objetos que encuentro en ferias o en pequeños anticuarios de pueblos de provincia. Son cajitas de música, discos de […]
APOLOGÍA DE LO CURSI
Siento debilidad y especial atracción por objetos que encuentro en ferias o en pequeños anticuarios de pueblos de provincia. Son cajitas de música, discos de vinilo, tazas, juguetes… sé que podrían considerarse de gusto dudoso; sin embargo, ahí están, a veces expuestos y otras a resguardo. Un texto que me compartió un colega, “Ensayo sobre lo cursi” de Ramón Gómez de la Serna, parece validar esto que me pasa. Para él, “lo cursi no es un error estético, sino un refinamiento de la derrota, una nostalgia de lo distinguido”, como esos platos que sobreviven de antiguas vajillas, o esas pretenciosas cigarreras que habitaban antiguos escritorios. En este último tiempo, a raíz de una mudanza, aprendí a valorar los espacios despojados que defiende el minimalismo. Pero siguen estando allí esos elementos con alma que los humanizan desde la fantasía popular. Como sugería Gómez de la Serna, en el fondo de todo gran sentimiento —y de toda casa con historia— siempre hay una gota de cursilería. Es ese toque que transforma una casa funcional en un escenario vivo donde el ayer, a través de sus objetos más humildes, se resisten a morir.
-Virginia Braun


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