Diseño Edición Nº204
UNA SILLA, DOS MUNDOS
EL DISEÑADOR LUIS ALBERTO CORONEL SE DESTACÓ EN LA ESCENA NÓRDICA CON UNA PIEZA QUE FUSIONA LA RESILIENCIA TÉCNICA ARGENTINA CON LA SÍNTESIS ESCANDINAVA. La biografía de […]
EL DISEÑADOR LUIS ALBERTO CORONEL SE DESTACÓ EN LA ESCENA NÓRDICA CON UNA PIEZA QUE FUSIONA LA RESILIENCIA TÉCNICA ARGENTINA CON LA SÍNTESIS ESCANDINAVA.
La biografía de Luis Alberto Coronel (La Plata) se traza a través de las derivas geográficas que moldean a los creadores contemporáneos. Formado en la Universidad Nacional de La Plata —con escalas en Córdoba, la UBA y Lanús—, su matriz proyectual combina la herencia de un taller materno de indumentaria y la fascinación por la ingeniería automotriz. Tras un punto de quiebre en Milán bajo la tutela de Raffaella Mangiarotti, Coronel se instaló en Copenhague, donde fundó CLDW Studio. Su reciente participación como Artista Emergente en el festival danés 3 Days of Design 2026 no solo validó su propuesta a nivel institucional —respaldado por la Embajada Argentina—, sino que encendió el radar global con la presentación de su silla Bridge. Una pieza de haya maciza donde los encastres quedan expuestos y el diseño se transforma en un manifiesto de honestidad constructiva.

—¿Quiénes son tus referentes en Argentina?
Mi mayor referente siempre fue mi mamá. Tiene una mentalidad emprendedora admirable en su marca de indumentaria. Crecí viendo cómo desarrollaba prototipos, bocetos y paletas de colores en su taller. Sin darme cuenta, esa forma de trabajar se volvió parte de mí.
—¿Cómo fue tu residencia en Milán junto a Raffaella Mangiarotti?
—De chico soñaba con Europa mientras veía documentales de fábricas de autos con mi papá. En 2021 viajamos a Italia, donde trabajé como freelancer y conocí talleres del entorno; luego nos mudamos a Copenhague. Mi amigo Federico Varone me animó a aplicar con Raffaella. Ella me mostró su metodología y me dio confianza al tratarme como a un par. Al despedirnos, me dijo: “Lucho, lo vas a lograr porque sos tenaz”. La industria italiana me impactó; ver sus capacidades me hizo comprender que mis ideas podían convertirse en productos reales. Frente a los fabricantes entendí que debía mostrar quién era y decir con orgullo: esto es diseño argentino y esta es nuestra forma de trabajar.
—Fundaste CLDW Studio en Copenhague. ¿Por qué esta ciudad y cómo convive el diseño escandinavo con tu sensibilidad argentina?
—Llegamos por amigos. Pasé un tiempo duro de adaptación y rechazos, pero decidí postularme a 3 Days of Design. Esperando mi vuelo en el aeropuerto de Bérgamo, sentado en el piso, envié el proyecto que entonces eran solo renders. Hoy Copenhague me da grandes satisfacciones. Los daneses consumen diseño cotidianamente; es parte de su vida. Respecto a lo argentino, me ganó el orgullo. Vemos compatriotas emprendiendo en gastronomía, pero en diseño no nos animábamos a ir más allá de un puesto en un estudio. Me pregunté: ¿por qué no hacerlo nosotros mismos?
—Con Bridge elegiste trabajar entre lo industrial y lo artesanal, a través de encastres que quedan a la vista. ¿La técnica debe construir identidad visual?
—Diseñar “a la argentina” está ligado a resolver con lo que uno tiene. En Europa no suelen limitarse por presupuestos; nosotros trabajamos condicionados por el contexto. Las transiciones entre las piezas de la silla están hechas a mano porque un CNC (Control Numérico Computarizado) no era viable en esta etapa. Ese proceso artesanal le aporta el valor de una pieza única y honesta: ver cómo fue fabricada genera una relación directa con el usuario. Allí radica mi experiencia en Argentina: adaptarnos al proceso mismo hace que la técnica no sea algo separado del diseño, sino lo que termina definiéndolo. En Bridge, la estructura es la identidad misma.
—Fuiste elegido Artista Emergente en el festival 3 Days of Design 2026. ¿Qué significó este hito y cómo dialogan los dos mundos en la silla?
Todavía lo estoy procesando; fue un año de dormir muy poco. Al recibir la confirmación preparé el prototipo. Cuando sentía que no daba más, la Embajada Argentina en Dinamarca me contactó; hacía años que buscaban diseñadores locales para el festival. El embajador Julio Mercado y su equipo me apoyaron en todo momento para dar visibilidad al proyecto. Respecto a Bridge, el diseño escandinavo se apoya en la claridad formal y el argentino tiene una fuerte influencia italiana, ligada al volumen y el carácter. En la silla intenté que convivieran ambas miradas: elegí madera maciza de haya, típica de aquí, para respetar la ergonomía nórdica, pero incorporando nuestra expresividad y calidez. Funciona como un puente honesto entre ambas culturas.
—Diseñás autos deportivos y zapatillas como hobby. ¿Cómo influyen esos universos a la hora de crear mobiliario?
—(Sonríe). Es un hobby de hace años. En Argentina la industria del mueble es la más fuerte y accesible para materializar ideas; desarrollar autos hubiese sido complejo. Pero la influencia existe, especialmente en el tratamiento formal y conceptual automotriz. Al bocetar suelo trabajar con ese lenguaje de proporciones, que es distinto al de un diseñador clásico.
—¿Cómo ves el posicionamiento del diseño argentino globalmente y qué viene ahora para tu estudio?
—Hay mucha capacidad, pero a veces nos falta aprender a vendernos y comunicar mejor. Quienes salimos del país nos topamos con lógicas productivas distintas que requieren adaptación, pero el potencial está en nuestra resiliencia, que es un valor muy cotizado afuera. Tras el festival surgieron invitaciones para la Design Week de París junto a Maison&Objet, una exposición en Bruselas para Home and Stories y una colaboración con un estudio danés. Además, planeo prototipar ocho piezas de mi portfolio para lanzar una línea de productos. Estoy muy enfocado en la etapa comercial, legal y de producción: un proceso necesario para llevar las ideas al mercado.
TEXTO: GABRIELA PICASSO

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