Edición N°202  Entrevistas 

ESPACIOS QUE DIALOGAN ENTRE SÍ

LA ARQUITECTA E INTERIORISTA ROCÍO NICOLA COMPARTE SU FILOSOFÍA DE TRABAJO EN UN RECORRIDO POR LA FUNCIONALIDAD, EL USO ESTRATÉGICO DEL COLOR Y EL DISEÑO DE MOBILIARIO DE AUTOR PARA […]

LA ARQUITECTA E INTERIORISTA ROCÍO NICOLA COMPARTE SU FILOSOFÍA DE TRABAJO EN UN RECORRIDO POR LA FUNCIONALIDAD, EL USO ESTRATÉGICO DEL COLOR Y EL DISEÑO DE MOBILIARIO DE AUTOR PARA CREAR ENTORNOS CON ENERGÍA PROPIA

 

Una niña camina de la mano de sus padres, apenas les llega a la cintura. Lleva un casco blanco que, claramente, pide una talla más chica. Juntos recorren los cimientos de lo que será la nueva casa familiar. Con diez años, hace preguntas como si formara parte del equipo de obra. Quiere saber de planos, proporciones y escalas, de maquetas y materiales. Observa, pregunta, vuelve a mirar. En ese momento, entre el polvo y los andamios, nace su vocación futura.
Hoy camina por la Rambla de Montevideo. En su mano lleva dos diplomas: uno de arquitecta por la Universidad ORT Uruguay y otro de Diseño de Interiores por la Politécnica de Madrid, formación que amplió su mirada hacia una visión más global del espacio. “Fueron mi trabajo en el estudio BAO Proyectos, la asistencia a exposiciones del rubro y mi experiencia de vida en Madrid los que marcaron un antes y un después en mi aprendizaje”, recuerda. Y agrega: “Me abrieron la cabeza en el trato con los clientes, el manejo de la espacialidad y el seguimiento de los proyectos. Me dieron la posibilidad de formar parte de grandes obras. No sería quien soy sin esos dos años en Europa”.

 

Inquieta, detallista, eficiente y muy exigente, Rocío Nicola piensa en grande y ama los desafíos. Construye vínculos muy cercanos con sus clientes, quienes viven cada proceso con intensidad. Su portfolio ya suma más de cincuenta obras —entre ellas ODA, la más relevante— y dirige un estudio con más de diez profesionales, algunos de ellos trabajando a distancia. Decidida a no desperdiciar ni un segundo de su vida, habla de su trabajo con un entusiasmo contagioso.

Arriba: el sofá tapizado en velvet mostaza contrasta con el revestimiento de la biblioteca en madera, terminación Yoru, tratada con la técnica japonesa yakisugi.

 

—¿Preferís construir o reformar una casa?

—Me atrae comenzar el diseño de interiores con un anteproyecto ya definido, pero puede ser también una casa pensada desde cero. En ese caso, el anteproyecto nace junto con la mirada del interiorismo. Genero un relato que recorre cada ambiente. Vengo de una familia grande —somos seis— y tengo muy claro cómo funciona una casa en lo cotidiano: la funcionalidad global y la particular. Me apoyo mucho en los técnicos de cada rubro y confío plenamente en sus capacidades. 

—¿Cómo es ODA?

—Es el proyecto más grande del estudio. Allí hicimos el interiorismo de los amenities (hall, barbacoa, pileta y gimnasio). Partimos de una premisa clara: construir una atmósfera serena y atemporal. Por tratarse de espacios de uso común, la paleta debía ser neutra, capaz de dialogar con distintos públicos y usos. De esta manera, el protagonismo lo tienen las texturas que aportan carácter, como la calidez de la madera, la nobleza del lino, la rusticidad y el volumen de la lana, en una composición donde los claroscuros generan ritmo y matices. Más que imponer una estética, la propuesta fue armar un telón de fondo. Bajo esa premisa, decoré tres showrooms y seis departamentos particulares en el mismo edificio.

 

—Al pensar una propuesta, ¿qué aspectos son los que entran en juego?

—Soy osada y curiosa. Me gusta desafiar lo conocido y siempre me pregunto: ¿por qué no? Mi clave reside en el diálogo: primero con los clientes —a quienes sumo a mi equipo porque serán quienes vivan el espacio— y luego entre los ambientes. Es fundamental que los espacios dialoguen entre sí. El fundamento que guía todo lo que hago, ya sean obras o diseño de mobiliario, es que transmitan elegancia, aporten calidez y que quien entre a ese lugar sienta una energía especial.

 

—¿Un diálogo?

—Sí, claro: artículo los ambientes a través del color. Generalmente elijo tonos fuertes porque aportan alegría y personalidad. En ese armado, primero virtual, siempre hay un color que se repite: puede aparecer en un mueble, en un detalle textil, en una obra de arte o en las luminarias.

 

—En muchos de tus proyectos los muebles llevan tu firma, ¿qué los caracteriza?

—Lo primordial es que el diseño se adapte a la función: deben abrazarse y caminar juntos. No quiero hacer un diseño sin función, ni una función sin diseño. También me interesa que las piezas tengan una impronta orgánica. A eso le sumo energía positiva y armonía para generar sensaciones de calma, comodidad y elegancia.

 

—¿Cómo generás esa energía entre los espacios?

—Me enfoco primero en los detalles y en la escala del mobiliario, porque “lo grande agranda”. Luego, trabajo con la luz natural y artificial: la prefiero baja y bien articulada para que destaque materiales y texturas, defina la atmósfera y realce la percepción de los colores. Me apoyo en la correcta distribución de los muebles: ningún elemento debe obstruir la circulación. Construyo un recorrido con formas, colorimetría y materiales. Todo debe percibirse como un conjunto, no como ambientes aislados. Así se genera una experiencia armónica y una atmósfera cálida con sensación de paz. También me gusta incorporar la naturaleza: somos parte de ella.

 

 

 

 

 

 

INTERIORISMO: ESTUDIO ROCÍO NICOLA

FOTOGRAFÍA: VALENTINA BONASSO 

ESTILISMO: PAO FARBOWICZ

TEXTO: ANA COSTA MÉNDEZ

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