#Hashtag Edición N°202
DROOG ARCHIVES
UN CONCEPTO EN AMSTERDAM EPICENTRO DEL DISEÑO NEERLANDÉS, UN ESPACIO DONDE LA HISTORIA, LA CREATIVIDAD Y LA VIDA COTIDIANA CONVIVEN EN ESTE RINCÓN EUROPEO Amsterdam, esa ciudad cosmopolita […]
UN CONCEPTO
EN AMSTERDAM
EPICENTRO DEL DISEÑO NEERLANDÉS, UN ESPACIO DONDE LA HISTORIA, LA CREATIVIDAD Y LA VIDA COTIDIANA CONVIVEN EN ESTE RINCÓN EUROPEO

Amsterdam, esa ciudad cosmopolita que siempre sorprende. Cuna de grandes pensadores, como Spinoza, tiene sus lugares icónicos para los amantes del arte y el diseño. Perderse en las 9 calles y en sus canales, sorprenderse en la pequeña Saigón, disfrutar de la tranquilidad de Vondelpark, sumergirse en la plaza de los museos como el Moco Museum, el Rijksmuseum, Van Gogh Museum, entre otros, donde se palpita la cultura holandesa.
No se puede dejar esta ciudad sin visitar el Hotel Droog: epicentro del diseño holandés, donde estos días tiene lugar la muestra Droog Archives.
Un poco de historia de este icono del diseño: el debut internacional de Droog en Milán fue una aventura. Dos personas que casi no se conocían, Renny Ramakers y Gijs Bakker, decidieron unir sus fuerzas en febrero de 1993 para posicionarse durante el Salone del Mobile con una selección de obras de jóvenes diseñadores neerlandeses. Habían notado una tendencia fresca en el diseño local: el uso de objetos cotidianos y reutilizados, combinado con una mentalidad práctica y sencilla. Le pusieron Droog a la presentación —“seco” en neerlandés— por la sobriedad y el humor sutil de las piezas.
Ramakers y Bakker no tenían ningún plan ni expectativa. Todo lo que sabían era que estaban presentando una propuesta sólida y diseños innovadores. Pero no estaban seguros de cómo sería recibida su muestra con obras de diseñadores totalmente desconocidos —el término Dutch Design ni siquiera existía en ese momento en Milán, la capital del high style design—. Para su sorpresa, se convirtió en la novedad. Como la muestra resultó ser un éxito inmediato, Ramakers y Bakker sintieron que debían continuar, y gradualmente la firma se transformó en un movimiento internacional que posicionó al diseño holandés en el mapa.
El sello pasó a ser una etiqueta para una colección de productos, cuidadosamente curada por Bakker y Ramakers. El proceso de selección se basaba principalmente en el look & feel (apariencia y sensación) y en el contenido de cada pieza. Nunca se hacían preguntas como “¿Se va a vender?” o “¿Puede producirse industrialmente?” al momento de decidir.
Si bien buena parte de los productos de la colección Droog aparecieron en las tiendas, muchos otros quedaron solo como prototipos o conceptos. Para Bakker y Ramakers eso no hacía ninguna diferencia: llegaron a museos internacionales, especialmente al MoMA de Nueva York y al Centraal Museum de Utrecht.
Aquella primera muestra en 1993 mostró objetos individuales, cada uno con una narrativa propia. Con el tiempo, las presentaciones en Milán se volvieron más temáticas y la firma abordó todo tipo de asuntos: la interacción humana, los materiales de alta tecnología, el diseño descargable, la sobreproducción y el cambio climático.
A lo largo de los años, la marca colaboró con más de 200 diseñadores dentro y fuera de los Países Bajos y fue invitada a exposiciones y proyectos en todos lados, desde India hasta Senegal y desde China hasta Nueva Zelanda. Durante mucho tiempo, se presentó en todo el mundo pero era poco visible en Ámsterdam, su ciudad natal. Esto cambió en 2004, cuando se instaló en un edificio histórico en la calle Staalstraat, que data de 1641. Este lugar había sido el centro de la próspera industria textil, donde se alojaban los funcionarios del gremio de las telas. Rembrandt pintó su obra “De Staalmeesters” especialmente para su sala de reuniones. Droog encargó al artista contemporáneo Berend Strik reinterpretar la famosa pintura y su versión fue instalada en el lugar original. Esta ubicación fue concebida como un centro desde el cual la impronta del sello pudiera proyectarse a través de exposiciones, publicaciones, eventos sociales y actividades educativas. Y fue el comienzo de lo que el hotel es hoy: un lugar donde se puede comer, tomar algo, trabajar, reunirse y pensar. Un espacio donde las mentes creativas se encuentran y las ideas florecen.
Este espíritu está presente en todos los rincones del Hotel Droog: desde la cómoda de Tejo Remy en el pasillo, el contador de calorías en la escalera, el restaurante dentro de una pecera y el jardín de hadas. Fiel a su historia, una marca siempre abierta a las ideas por venir.





Texto: José Luis Zacarías Otiñano

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