Arquitectura  Edición Nº 192 

Una cabaña para refugiarse del mundo

“Apuntamos a crear una casa cómoda y cálida, con una atmósfera fluida que sirva de marco para el descanso y las actividades del fin de semana” dice Inés Muzzio, directora […]

“Apuntamos a crear una casa cómoda y cálida, con una atmósfera fluida que sirva de marco para el descanso y las actividades del fin de semana” dice Inés Muzzio, directora del estudio que lleva su nombre. Lo simple y lineal fueron dos pilares conceptuales en este proyecto: “Estas nociones se traducen en el exterior monocromático negro y la utilización únicamente de dos materiales: madera quemada y chapa. El interior se resolvió con una paleta de colores acotada a fin de generar sensación de espacialidad y tranquilidad” agrega la autora.

Inés Muzzio, en la “cabaña” de zona norte. Ingreso de frente y parte de la fachada con techo a dos aguas y revestimientos en madera quemada, faja y postigos en chapa negra. Reposeras de MR, sombrilla de Weekender, sillones El Yeite. Mesas y banquetas de la firma Lunativo.

En los ambientes, todos intercomunicados a través de unas puertas altas de madera lisa, se utilizó el mismo piso terrazo; para los cielorrasos y revestimientos de las paredes del living-comedor, la misma madera aplicada de una forma diferente: “Las terminaciones y el diseño de interiores hablan un mismo lenguaje. La casa está ubicada en un barrio cerrado de la zona norte, con un paisaje campestre y espacioso. Por eso se determinó una estética de cabaña moderna”. Para el exterior, se buscó un criterio que dialogue con el contexto. El paisajismo se planteó con especies nativas de bajo mantenimiento y se utilizó el recurso de repetición de un número acotado de variedades para conseguir la misma sensación de continuidad que en los interiores.

Comedor con mesa amplia de FR Carpintería en lapacho macizo y sillas en cuero de Zeta Concept Store. En la pared, estante sobre el que se ubicó un conjunto de cuadros con aves de la firma Adelphi. Aplique Duveen y candelabros de Irina K.
La cocina tiene una isla central en líneas rectas y puede integrarse al comedor o cerrarse en un ambiente único. Continúa el mismo concepto del piso de terrazo y los muebles colgantes en madera, para dar sensación de liviandad, define la diseñadora. La lámpara es de Estudio Molé y los floreros de Blau Co.
En el baño, estética simple y de líneas rectas a través de blancos y negros con bacha doble y una serie de espejos y apliques A3. En el cuarto de los chicos, tres camas con mesas de luz El Yeite y lámparas colgantes de MR. Los respaldos son de Hands Off. Almohadones, cortinas, camas y ropa de cama de Casa Leopoldo.
Zona de lectura con vista al jardín con banquito de Laquinta Muebles, en el ingreso al cuarto principal.
Con vista a un patio, escritorio en madera de Laquinta Muebles y sillas en hierro y gamuza de Bull Buenos Aires. El cuarto principal sigue con la paleta de color y materiales del resto de la casa. Respaldo en cuero de Casa Baldo, mesitas en acrílico Ries Estudio y lámparas colgantes de cerámica de Juan Diciervo.

Los principios funcionales definen ambientes que pueden cerrarse o mantenerse abiertos, donde todos los habitantes se reúnen y pasan el tiempo cómodamente. El mobiliario, en su disposición, tamaño y materialidad, fue pensado para todas las actividades; la paleta se limitó a una base de colores tierra con algunos detalles en otros tonos. “Los materiales utilizados fueron seleccionados con el fin de estimular los sentidos, pero también teniendo en cuenta su resistencia y evolución en el tiempo. La madera, los cueros y textiles de telar tienen protagonismo. Se combinaron superficies mate con brillo a fin de resaltar ambas terminaciones” concluye Muzzio.


CREDITOS: Estudio Inés Muzzio (IM).

Arquitecto: Carlos Nougues.
Paisajista: Elena Macome
PH: Pompi Gutnisky.

Texto: Vivi Vallejos.

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