Archivo Arquitectura Edición Nº 200
EL CINE TEATRO ÓPERA
UNA SALA CON UN PASADO MEMORABLE QUE MARCÓ UNA ÉPOCA Y FUE UN REFERENTE EMBLEMÁTICO DE LA VIDA CULTURAL DE LA CIUDAD Quien haya sido alumno del Colegio Champagnat a […]
UNA SALA CON UN PASADO MEMORABLE QUE MARCÓ UNA ÉPOCA Y FUE UN REFERENTE EMBLEMÁTICO DE LA VIDA CULTURAL DE LA CIUDAD

Quien haya sido alumno del Colegio Champagnat a principios de la década del sesenta recordará la fiesta memorable de fin de año celebrada en el Teatro Ópera. Oportunamente, cada división se formaba sobre una tarima, con el titular del curso en el centro del cuadro. Posteriormente, se abría el telón y una voz en off enumeraba los distintos apellidos de los alumnos y destacaba su promedio final. Las madres de los diez mejores luego salían al lobby, orondas como pavos reales, mientras que, por el contrario, las madres de los últimos cinco promedios salían reptando, casi encapuchadas, ante el resultado adverso de sus hijos.

Anécdota aparte, esta joya del patrimonio porteño es uno de los mejores ejemplos del art déco tardío que aún se conserva como sala de espectáculos. Este edificio magnífico reemplazó a la antigua Ópera sobre la entonces angosta calle Corrientes, inaugurada con Il Trovatore de Verdi en 1872, tras la epidemia de fiebre amarilla. Había sido proyectado por el arquitecto Émile Landois y luego afrancesado por el belga Jules Dormal. Pero con los años, y tras la apertura del Teatro Colón en 1908, la vieja Ópera comenzó a languidecer. El nuevo edificio, obra de otro arquitecto belga, Alberto Bourdon, fue inaugurado el 7 de agosto de 1936 con la película Ensueño del Mississippi y era considerado por el público como un verdadero palacio.

Planificado para formar parte de la celebración del cuarto centenario de la primera fundación de la Ciudad de Buenos Aires, fue, junto con el Obelisco y el ensanche de la avenida Corrientes, un lugar destacado dentro de las atracciones porteñas de la década. El escritor y crítico teatral Ernesto Schoo lo recordaba de su infancia como un viaje a un país de fábula.
Al igual que su casi mellizo edificio en París, el Teatro Rex, esta tipología de sala de espectáculos se denominaba “atmosférica”: creaba un clima de escenografías urbanas con balcones, balaustradas y ornamentación de estilo barroco que, junto al cielorraso, que emulaba un firmamento estrellado, se convertía en una rareza para la época. El foyer era la gran vidriera del conjunto, enmarcado por una galería de balcones de barandas de diseño horizontal en hierro y acero inoxidable.
El 21 de julio de 2011, bajo el decreto 837, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional. Años más tarde, el banco Citi Argentina asumió el gerenciamiento del complejo teatral y realizó una remodelación integral que aún perdura. De la vieja Ópera al mítico palacio art déco han transcurrido más de 150 años de risas, emociones y aplausos.
Texto:
Marcelo Nougués

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