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CON VIDA PROPIA

Hecho con micelio: Una red orgánica El estudio MOSH investiga una materia poética que surge de la naturaleza y une diseño, biología y tecnología para crear piezas que nacen, se […]

Hecho con micelio: Una red orgánica

El estudio MOSH investiga una materia poética que surge de la naturaleza y une diseño, biología y tecnología para crear piezas que nacen, se transforman y regresan a la tierra.

Entre Buenos Aires y Milán, MOSH funciona como un laboratorio donde el diseño se mezcla con la biología. Fundado por Denise Pañella, el estudio investiga las posibilidades del micelio como material y metáfora, combinando técnica e investigación para redefinir la sustentabilidad.

—¿Cómo definirían a MOSH y su modo de trabajo? 

—Es un laboratorio de diseño enfocado en micelio. Investigamos, cultivamos y moldeamos este organismo en dos líneas: packaging, donde buscamos reemplazar materiales contaminantes, y MOSH Design, un frente más experimental en el que exploramos geometrías, texturas y aplicaciones espaciales. Nuestro método es colaborativo y material-driven: partimos del comportamiento del micelio y, desde ahí, definimos forma y función. No imponemos: acompañamos el proceso biológico con controles técnicos (sustratos, tiempos, secado y estabilización) para que cada pieza sea biodegradable, única y funcional.

—¿En qué momento aparece la idea de trabajar con micelio? ¿Por qué esa red subterránea de hongos como metáfora? 

—Apareció por primera vez durante mi tesis en la carrera de Diseño Industrial en la UBA. En ese momento lo descubrí como una posibilidad de investigación, pero el proyecto tomó otro rumbo. Sin embargo, el material me quedó grabado. Tenía algo fascinante: estaba vivo, crecía, y al mismo tiempo podía convertirse en un recurso de diseño. 

Cuando terminé la carrera decidí retomarlo. Empecé experimentando con aplicaciones en packaging, nuestro primer campo de prueba, y con el tiempo entendimos que tenía cientos de posibilidades. Ahí nació MOSH como laboratorio. 

La red subterránea del micelio —esa trama invisible que conecta todo en el bosque— es una metáfora de nuestro modo de trabajo: colaborativo, interdisciplinario, donde el conocimiento circula y crece en red. No imponemos una forma, sino que acompañamos un proceso natural, igual que el micelio en la tierra.

—Su trabajo se mueve entre dos escenas culturales muy distintas, la argentina y la italiana. ¿Cómo se arma ese puente entre ambos lugares? 

—Se dio de forma muy natural. En Argentina trabajamos en la investigación y producción del material, con una mirada más experimental, de laboratorio, muy conectada a lo artesanal y a los recursos locales. En Italia, en cambio, encontramos un contexto donde el diseño y la comunicación del material cobran otra escala: hay una cultura muy consolidada de exhibición, curaduría y exploración estética.

Ese diálogo entre ambos lugares nos enriquece muchísimo. Desde Argentina llevamos la inventiva, la capacidad de resolver y de experimentar con pocos recursos; y desde Italia, la precisión, la puesta en valor y la posibilidad de mostrar el material en espacios internacionales.

—¿Cómo es la instalación que presentaron en Isola Design, durante la Semana del Diseño de Milán 2025?

—La instalación en el Isola Design District surgió junto a Cabinet Óseo, un estudio de joyería inspirado en la anatomía humana. Construimos una estructura de 12 m² íntegramente con micelio para mostrar su potencial estético y sensible: un material vivo capaz de crear atmósferas que conectan con lo humano. Queríamos abrir la cabeza del público y mostrar que lo natural también puede ser contemporáneo y poético.

—¿Cómo se “hace” una pieza de micelio? ¿Ustedes cultivan el material? ¿Lo moldean? ¿Usan residuos orgánicos? 

—Sí, el micelio se cultiva, no se fabrica. El proceso parte de una cepa de micelio —la raíz del hongo— y un sustrato orgánico a base de residuos vegetales, como aserrín o cáscaras agrícolas, que sirven de alimento. 

Una vez que el micelio comienza a crecer, lo colocamos en moldes que determinan la forma final de la pieza. Dentro de esos moldes, el organismo se desarrolla hasta colonizar por completo el sustrato, creando una estructura sólida y ligera. Cuando alcanza el punto justo de crecimiento, detenemos el proceso con secado y estabilización.

—¿Qué tipo de impacto ambiental tiene? 

—El impacto ambiental del micelio es mínimo si lo comparamos con materiales industriales tradicionales. Crece a temperatura ambiente, no necesita agua en exceso ni aditivos tóxicos, y se alimenta de residuos orgánicos que de otro modo serían desechos. 

Además, es un material biodegradable y compostable, lo que significa que al final de su vida útil puede volver al suelo sin dejar residuos contaminantes. Buscamos justamente eso: cerrar el ciclo. Que el material cumpla su función y luego regrese a la naturaleza de forma limpia.

—¿Qué desafíos implica trabajar con un material vivo en cuanto a durabilidad, control y ética? 

—El mayor desafío es aceptar que el material tiene vida propia. El micelio es caprichoso: nunca crece igual y cada pieza resulta única. En lugar de forzarlo, lo acompañamos en su desarrollo. A nivel técnico, es un material estable en condiciones secas, por lo que puede cumplir su función perfectamente durante su vida útil. Pero nos interesa también que el usuario final pueda decidir el fin de vida del objeto: cuando sienta que cumplió su propósito, puede devolverlo a la tierra y el micelio se degradará naturalmente en cuestión de semanas. 

—¿Cuál es el próximo paso de MOSH Design? 

—Ahora estamos en una etapa de expansión dentro del universo del diseño, explorando nuevas aplicaciones del micelio junto a artistas y estudios argentinos. Nos interesa especialmente el cruce entre diseño, arte e interiorismo, y cómo el material puede adaptarse a distintos lenguajes y escalas. 

Recientemente, tuvimos una colaboración con Designers BA, donde presentamos piezas dentro del contexto de la moda. Esa experiencia nos permitió acercar el material a otro público, uno que valora la innovación, la textura y la estética. Nos gusta pensar que el micelio también puede tener un lugar dentro del mundo de la moda.

Además, ya trabajamos en nuestra próxima participación en Milán 2026, para seguir explorando el vínculo entre diseño, biotecnología y sustentabilidad, y ampliar los límites del micelio como material de creación y construcción.

 

 

Texto: Ilaria Landini.

Corresponsal en Italia: Verónica Camaroni (UNIÓN.E)

 

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