Arte  Edición N°202 

CASA DE ARTISTAS

Conectar, inspirar y aprender a través de las artes visuales forman parte del manifiesto de Zonderflag, la nueva galería de arte del circuito porteño, ubicada en Nicaragua 4880, el pulmón […]

Conectar, inspirar y aprender a través de las artes visuales forman parte del manifiesto de Zonderflag, la nueva galería de arte del circuito porteño, ubicada en Nicaragua 4880, el pulmón creativo de Palermo

Diseñado para alojar muestras de todo tipo de escalas, el espacio de la Zonderflag se abre generoso desde su triple altura. Una solución arquitectónica que no solo obedece a decisiones proyectuales del estudio 2EC, sino que encierra otro de los conceptos que componen el ADN de esta nueva incorporación: el arte trasciende fronteras, es inclusivo y global.

Al frente de la galería, Mariela Monferrer afirma que “el arte no tiene banderas” y que ser artista implica “asumir el compromiso de construir mundos, casas para el arte”.  En este sentido, la galería apunta a convertir sus espacios en puntos de encuentro “para transformar Zonderflag en una plataforma que favorezca el desarrollo profesional y la conexión humana a través del arte”.

El entramado del espacio ofrece talleres y residencias para artistas, donde el intercambio dinámico interviene en los procesos. “Así, las exposiciones se entrelazan de manera orgánica y la experiencia es más rica, tanto para los artistas como para el público”, apunta. Además de Monferrer, el equipo de Zonderflag está integrado por Romina y Luciana Massarino, Verónica Dopazo y Carla Boscatto.

La vinculación con el entorno urbano es uno de los ejes del proyecto, cuya fachada a modo de piel blanca genera sorpresa. ¿Qué hay detrás de este aspecto envolvente? El lote doble que supo alojar una típica casa chorizo de principios del siglo XX y dio lugar a un nuevo ingreso. Una estructura metálica unifica el espacio desde el primer piso, reconstruyendo la morfología de conjunto hacia la ciudad. Así se mantiene la impronta individual dentro del contexto urbano porteño.

 

NUEVOS TERRITORIOS

La muestra El otro espacio del tiempo inauguró la galería. Reunió los trabajos de Luciana Levinton y María Candelaria Traverso, dos artistas que abordan una mirada ligada a la arquitectura, el espacio y sus resonancias simbólicas. Bajo la curaduría de Sergio Bazán, la memoria y la abstracción se entrelazaron para explorar nuevos territorios poéticos y visuales.

Si bien sus lenguajes y materiales son distintos, las obras de Levinton y Traverso dialogaron en una búsqueda común: desarmar lo construido para reconstruirlo desde la experiencia sensible. “En la práctica de Luciana Levinton, la arquitectura se convierte en un punto de partida que pronto se disuelve en abstracción. A partir de cortes, fachadas y plantas, sus obras se desarrollan como escenarios donde las formas no están del todo definidas. Superposiciones de planos, transparencias y estructuras mínimas conforman paisajes suspendidos. En algunas series ha utilizado el collage —interviniendo revistas vintage de arquitectura— para reforzar cierta  tensión entre la historia del espacio y su relectura contemporánea”, dice Luciana Massarino desde el texto de sala.

María Candelaria Traverso, por su parte, trabaja desde la escultura y el objeto con una mirada que conjuga lo territorial y lo simbólico. Sus piezas emergen de una indagación sobre el habitar, sobre la manera en que las memorias se inscriben en el paisaje. Fragmentos de estructuras, módulos, tejidos y referencias a la cosmovisión andina aparecen en obras que portan una densidad emocional y cultural que configura el vínculo entre forma y pertenencia. Su obra opera como un mapa sensible: una cartografía íntima de geografías conocidas y reinventadas.

UN GESTO ARQUITECTÓNICO

El programa cultural acompaña esta actitud: se relaciona horizontal y verticalmente con el recorrido edilicio. La planta baja funciona como gran foyer, integrando el espacio público al interior del edificio y vinculando la vereda con el acceso, el café y las exposiciones en doble altura. Una escalera circular permite subir al primer nivel, que tiene un área menor de exhibición, y genera distintas visuales hacia la planta baja. Ambos niveles incluyen residencias donde artistas conviven e interactúan en este contexto de cultura y arte. 

Los niveles dos y tres son talleres flexibles con paneles móviles que se adaptan a las necesidades de cada artista. En el segundo, los talleres se conectan con el atelier a través de la terraza y el espacio común al aire libre. La última planta funciona como remate edilicio y programático: gran espacio destinado a eventos de mayor escala a cielo abierto, por encima del follaje porteño. La fachada funciona como un gran bastidor vivo: ventana a experimentaciones internas y conexión con la vida ciudadana. La estructura metálica actúa como lienzo dinámico, donde las obras conversan con la ciudad. 

Zonderflag genera un circuito en el que los creadores se vinculan activamente con la ciudad, donde cada experimento encuentra su audiencia y el barrio se convierte en galería. No es solo un lugar, dicen sus directoras: “Es un diálogo abierto entre quienes crean y habitan la ciudad, generando arte en comunidad”.

Entre las novedades previstas figuran talleres de fotografía (a cargo de Santiago Carrera), filosofía (con Florencio Nocetti), y el Laboratorio Filosófico de Creación Visual (Eugenia Viña). “La idea era que tuviéramos espacios flexibles, subdividibles y con mucha luz. La consigna fue hacer un edificio del que nos sintiéramos orgullosos y en el que el arte fuera el protagonista”, señala Monferrer. 

 

 

Texto: Vivian Urfeig 

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