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#TBT: Pablo Larreta

Este diálogo con el escultor Pablo Larreta se realizó en un clima muy especial dado por el marco de su taller en La Boca. La escultura es para él una […]

Este diálogo con el escultor Pablo Larreta se realizó en un clima muy especial dado por el marco de su taller en La Boca. La escultura es para él una pasión, un impulso  imparable de hacer cosas, un diálogo con la piedra, sacada a golpes y que obliga a un trabajo también pesado.
¿Cuándo empezaste a esculpir?
-¿En serio? En el 62, cuando puse mi primer taller.
-¿Y antes cuando no tenías todavía un taller?
-Hacía manualidades con una lima, el cortaplumas y el vecino que te invade porque no soporta que martilles todo el tiempo. Empecé como todos. Con un cortaplumas. De chico…
Uno empieza llevándolo en el bolsillo…La idea es tener una herramienta.
Lo de hacer escultura sucedió después. Cuando tenía cosas hechas.
-¿Nunca te propusiste ser escultor?
-jamás. El de la pasión por el trabajo y el de la pasión artística: el deseo de ser artista. Yo nunca lo tuve.  Me propuse trabajar con pasión y terminé siendo escultor.
-¿Qué querías ser cuando eras chico?
-Nada definido. creo que en algún lugar de sí mismo, uno intuye que siempre se termina siendo lo que se hace. O lo que hizo. Recuerdo que mi abuelo, Enrique Larreta, siempre decía “Muchachos hagan cosas”. Me contagió su entusiasmo, sus ganas, su capacidad de hacer
-¿Y cómo fue que elegiste el cortaplumas?
-A los 11. Por culpa de una madera que estaban por quemar en la chimenea. Me pareció que se podía hacer algo con ella. La sensación fue la del rescate. Rescatar algo del fuego era impedir el desgaste natural. ¿Te lo digo de manera rimbombante?
-Para ganarle a la segunda ley ley de termodinámica, a la entropía.
-¿Podrías traducir?
-La acción puede transformar elementos que en sí mismo no son valiosos. Y darles valor a partir del paso humano. Por ejemplo, para un menir. Pararlo no significa nada. Pero el trabajo para pararlo le otorga un valor.
-No Pero si yo no hago mi escultura ¿quién la va a hacer? Dicho de otra forma, en algún lugar uno graba algo en un árbol.
-¿Creés en teorías, en reglas de juego para el arte?
-No. Yo carezco de una inserción en el mundo del arte. Estoy relacionado con mi escultura. Es una actitud primaria, menos social. El impulso imparable de hacer cosas.
-¿Qué sería peor, para vos?¿no ver o no hacer?
-No hacer. Siempre que terminás una escultura , aparece la que hubiera podido ser. El impulso hace que estés sobre la próxima. Una obra es el motor de la que sigue.
-¿Y que diferencia hay entre la obra hecha y la que vas a hacer?
-Que lo que uno está por hacer siempre es más interesante que lo que ya hizo.
-Aunque de lo que ya se hizo, depende en cierto modo lo que se va a hacer, ¿no?
-Si, claro, como en todo lenguaje.
Porque la escultura es un lenguaje.
Todo lo que se dice modifica lo que se va a decir.
-A lo largo de toda la vida ¿se hace una obra o muchas esculturas?
-No sé …Uno inventa todo lo que tiene por decir entre los 16 y los 20.
Después le pega duro. Y se queda pegado a determinados asombros…Eso es todo.
-¿Y si por el camino te atrapa el estilo?
-Te mata. En cuanto uno deja de ser chico sorprendido por la propia obra, el estilo te encuentra.  Y ese estilo es la muerte.  Porque uno no tiene que sorprender sino ser capaz de sorprenderse.  En cuanto te manejás dentro de lo conocido, terminás por reiterarte.
-¿Los materiales no condicionan?
-La economía de materiales, uno se va volviendo cuidadoso y …¿te imaginás ?
La última piedra …En la Argentina es terrible. Porque escasean los materiales. Y la escultura es como un tejido de relaciones. Desde la piedra (el dueño de la cantera), pasando por el camionero, el fabricante de herramientas y terminando en los compradores de esculturas.
-Por qué elegís la piedra?
-Porque sólo se puede trabajar en contra. Aún en contra de uno mismo.
La piedra te obliga a un trabajo pesado y bruto. Cada cachito es sacado a golpes y con costo de herramientas. Uno, mientras tanto, tienen tendencias.
Sabe hasta dónde dan. El terreno se vuelve resbaladizo, Entonces debe trabajar con uno como con la piedra.
Debe violentar y violentarse. Para no hacer lo mismo. La salvación está en la invención medio loca.
-¿Evitando el ingenio?
-Hay que trabajar contra el ingenio.
-¿Y la fantasía?
-Según como la incluyas. Uno sabe bastante poco lo que va a hacer y por qué.
-¿Y qué pasaría si se tuvieran las respuestas …sería como obvio. O a lo mejor ingenioso…que es mucho peor.
-¿Importa qué es lo que ocurre con las esculturas? ¿Todo eso que se dice del destino de la obra de arte?
-No Creo que un escultor sigue esculpiendo aunque sepa que la escultura se destruirá. Es un impulso sin finalidad.
– Nombrame a un escultor contemporáneo. O más de uno si te parece…
-Brancusi. Constantin Brancusi.
La escultura siempre fue estatuaria. Y dejó de serlo en 1900 patra ser libre. El pivote lo hacen gente como Bancusi, como Picasso. Trabajando con un grado de libertad que ninguno había intentado.
-¿En qué momento te diste cuenta cuenta de que eras escultor?
-Se lo debo a Kive Staif que vino al taller con Jorge Mitchel y me invitó a hacer una muestra en octubre del 75.
Hice una retrospectiva.
-¿La primera fue una retrospectiva?
-Claro, en el hall del San Martín.
-¿Cómo hiciste para tomar la decisión de exponer?
-Y…Hice todo lo posible para bombardearla. No invité a nadie. no saqué una sola foto. Pero yo iba todos los días y hablaba con la gente. Me preguntaban sobre todos los nombres.
Y me decían ¿cómo es posible que no les ponga nombre?
-¿Por qué no les ponés nombre?
-por qué no lo  tienen. No asocio.
La gente va poniéndoles nombre.
Las va nombrando.
“Los amigos”…”El calamar”…
¿Sabés que hay algo impúdico en eso de mostrar las esculturas?
-¿Todavía hoy?
-Creo que sí…Aunque poco a poco uno va tomándole el gustito.
-¿Por qué no tenés ayudantes?
-Prefiero pelearme con la piedra que con mi ayudante. En el fondo es una enfermedad que se llama autonomía.
¿Qué te pasa con la piedra?
-Hay diálogo. Ella sugiere ciertas formas. Y uno va cambiando para que sugiera otras.  ¿Cómo describírtelo? Como una sonrisa cómplice entre la piedra y yo. Ella me conquista y yo la voy modificando.  A la vez, yo me modifico por sus insinuaciones.
-Cómo hacés para elegir una?
-La rapiña …recorro canteras y tejo sociales.
-Y la muerte?
-Está en el fondo. Y se trata de ganarle de alguna manera. La muerte es un gran motor. Si uno pensara en el tiempo que va a estar muerto, se sacaría el polvo y se movería.  Es muerte o actividad. La única que gana es la obra.
-El amor?
-Es Carmen.
-¿La vida?
– Y/o la escultura.
-¿Música?
-Mozart. Después vino Beethoven y lo arruinó todo.
-¿Poesía?
-Borges es un gran poeta y un gran humorista. Pero antes, hubo algunos otros…alemanes…(duda).
-¿Hölderlin?
-¡Hölderlin! Rilke ¡Ah! Saint John Perse. Y desde hace poco, Ezra Pound.
-¿Escritores?
-Miller . John Le Carré, Anthony Burgess…Decía algo así como “Encerrados entre dos infinitos de ocio , no tenemos excusa para no hacer”.
-Qué te disgusta de tu escultura?
-La manía perfeccionista . La necesidad de terminarla.
-Para encubrirte o para cubrirla?
-Para esconder. Es doloroso reconocer que hay cosas que salen por casualidad. Para el ego, claro.
-¿Cuidás mucho a tu ego?
-Supongo que sí. Soy poco arriesgado.  Tenés un proyecto y a mitad de camino te das cuenta de que no hay que llevarlo a cabo.
-¿Las esculturas son hijos?
-Sí. Es como la maternidad del macho que no puede parir. Reconozco mi envidia por la capacidad de gestar femenina. Yo valoro el trabajo, es decir, la gestación.
-Sabés hoy por qué hacés escultura?
-Siempre sigo en broma -y algún escultor de irrita mucho-que por los dioses, por las dudas de que los haya.
Por las mujeres, por eso de hacedor, de proveedor. No olvides que en el mundo primitivo el mejor cazador tenía la mejor mujer. Y tercero, para jorobar a los amigos. Crear un desequilibrio en el sistema de amigos escultores por eso de la competencia.
-¿Te considerás marginal?
-Tendría que contar mi página para saber cuál es el margen.
D&D Nº 4
Textos: María Amelia Torralba
PH: Xavier Verstraeten

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