Edición Nº184 

Homo Faber, Venecia siempre Venecia

Qué imagen más significativa de lo artesanal y exquisito que las máscaras, tocados y vestuarios del famoso carnaval de Venecia, o los vidrios de la isla de Murano. El carnaval […]

Qué imagen más significativa de lo artesanal y exquisito que las máscaras, tocados y vestuarios del famoso carnaval de Venecia, o los vidrios de la isla de Murano.

El carnaval fue oficializado en 1296 cuando Christopher Olive, secretario principal del Dux de Venecia, se lo planteó a las autoridades con el fin de fomentar el contacto entre las clases altas y las bajas, entre otros motivos, dicen los textos sobre una de las fiestas más tradicionales de Italia. Fue entonces, y tras el posterior Renacimiento, cuando comienza la construcción de sus grandes iglesias; la isla de San Giorgio Maggiore será el fondo ideal para las idílicas imágenes de la ciudad del Dogo. Con su basílica terminada en 1576, obra del arquitecto Andrea Palladio, ofrecerá su fachada de mármol brillante e interiores pulcros que dan una gran sensación de amplitud a quien los recorre. Además de las pinturas de Tintoretto (La última cena, Recogida del maná y La deposición), en la basílica se exhibe la Virgen con el Niño y Santos, pintada en 1708 por Sebastiano Ricci y considerada la obra maestra de San Giorgio Maggiore.

En este entorno, y en el de los claustros religiosos de la pequeña isla, la segunda edición de Homo Faber abrió sus puertas entre abril y mayo últimos luego de dos años de ansiosa espera tras la pandemia. Se trata principalmente de un contexto de diseño en lugar de uno de bellas artes, tal vez una decisión consciente para diferenciar la muestra de la Bienal de Venecia 2022, con la que coincide. El evento ofreció al público una rara oportunidad de explorar la isla y las magníficas estructuras de la Fondazione Giorgio Cini mediante una exposición desplegada en sus casi 4000 metros cuadrados. Salas como la Biblioteca Longhena y la pileta Gandini, normalmente cerradas al público, se abrieron especialmente para la ocasión. La Fundación Michelangelo para la Creatividad y la Artesanía, con sede en Ginebra, realizó este encuentro único cuya misión es preservar, fomentar y promover la artesanía de alta calidad.

A pesar del advenimiento de las tecnologías, las manos siempre serán irremplazables al momento de crear objetos significativos, y es esta muestra que hace posible la conexión entre los artesanos europeos y una clientela consciente y curiosa que, en este caso, disfrutó de experiencias digitales, talleres y negocios generando el intercambio y la colaboración con el objetivo de estimular un nuevo movimiento cultural.

Homo Faber se encarga de mostrarle al mundo lo que el hombre puede hacer, por eso las exhibiciones defienden la habilidad sobre el concepto. Esta experiencia sin precedentes tuvo por protagonistas a los mejores maestros de Japón, país de exquisitas tradiciones artesanales que son parte fundamental de su patrimonio. La muestra reunió cerca de 400 objetos únicos creados por más de 350 diseñadores y artesanos de 30 países; contó con experiencias inmersivas y la visita de curadores de renombre como Stefano Boeri, Michele De Lucchi y Tokugo Uchida entre otras figuras del diseño internacional.

Entre las piezas más sorprendentes vale mencionar las agrupadas en algunas de las siguientes exposiciones:

Carta Magna, curada por Michele De Lucchi y su estudio Amdl Circle. Un homenaje a la artesanía en papel expuesta mediante una variedad de obras que revelan la belleza, la creatividad y el significado cultural de este soporte. Los visitantes fueron testigos de la habilidad de los artesanos trabajando en la sala en instalaciones inmersivas y pudieron descubrir el placer de escribir con una pluma estilográfica, creada in situ por artesanos de Montblanc.

Los talleres de las maravillas, curada por Rinko Kawauchi. Fotografías expuestas en el Cypress Cloister de estilo renacentista sobre los talleres de National Living Treasures of Japan, cuyo trabajo se presenta en la exposición 12 Stone Garden. El fotógrafo captura a los artesanos mientras crean objetos preciosos utilizando técnicas centenarias.

Belleza floreciente, por la Fundación Michelangelo para la Creatividad y la Artesanía. En un jardín de cuento de hadas imaginado por el diseñador de interiores y escenógrafo Sylvain Roca, el fabricante de vidrio veneciano Venini elaboró una colección de jarrones de vidrio en colaboración con renombrados diseñadores de flores.

Jardín de piedra, por Naoto Fukasawa y Tokugo Uchida, exhibió objetos producidos en su país por doce “Tesoros Vivos Nacionales” o maestros artesanos, cuyo dominio de las habilidades tradicionales los convierte en una parte valiosa del patrimonio cultural de aquel país. Entre las piezas destacaron kimonos, un arpa lacada en urushi y una canasta de flores de bambú. Todos los objetos fueron presentados en doce bloques con forma de piedra diseñados por Naoto Fukasawa.

Virtuosismo de porcelana, por David Caméo y Frédéric Bodet. Una celebración de la artesanía contemporánea en porcelana en Europa y Japón, con el trabajo de ceramistas como Katsuyo Aoki (Japón), Tamsin van Essen (Reino Unido) y Ruth Gurvich (Francia), junto con piezas de los fabricantes de porcelana Meissen, Sèvres, Nymphenburg y Bernardaud en la biblioteca del claustro, entre anaqueles y muebles originales de abrumante belleza.

Esperando con paz y oscuridad, por Robert Wilson. Una pileta de la década de 1960 trasformada en un decorado en blanco y negro para muebles y vestuario de inspiración japonesa, creados para sus producciones, con un paisaje sonoro que los acompaña.

Texto: Arq. Julio Oropel

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