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Conquistando Asia: Ernesto Bedmar

“Desde mi época en la universidad estudiaba bajo la tutela del arquitecto Miguel Ángel Roca con quien trabajaba durante mis tiempos libres. Cuando me recibí de arquitecto surgió un proyecto […]

“Desde mi época en la universidad estudiaba bajo la tutela del arquitecto Miguel Ángel Roca con quien trabajaba durante mis tiempos libres. Cuando me recibí de arquitecto surgió un proyecto para su estudio en Sudáfrica y envío a tres jóvenes a representarlo. Yo era uno de ellos, pero nunca llegué a adaptarme al lugar. La discriminación me molestaba y nunca me sentí feliz allí. Paralelamente Roca estaba desarrollando otro proyecto en Hong Kong al que decidió enviarme. Lamentablemente cuando Reino Unido le transfirió la soberanía a China en 1997 su economía colapsó y también nuestro proyecto. Ante la posibilidad de volver a Sudáfrica decidí quedarme en Asia y buscar mi propio camino”, nos cuenta el argentino Ernesto Bedmar cuando le preguntamos cómo fueron sus comienzos.

+¿Cuándo decidiste que querías ser arquitecto?

De muy joven tuve inclinación por cosas relacionadas a la arquitectura. A una temprana edad comencé a sentirme atraído por la arquitectura que me rodeaba, la casa de campo de mis abuelos, las largas pircas que dividían los campos de las sierras cordobesas, las diferentes texturas y la iluminación me atraían sobre manera. Creo que era natural adoptar arquitectura como mi profesión .

+¿Cómo llegaste a Singapur y por qué decidiste allí instalar tu estudio?

Ante mi negativa de volver a Sudáfrica, el territorio de Macao estaba surgiendo y el arquitecto Álvaro Siza Vieira estaba haciendo un gran planteo urbanístico para dicho territorio; allí tuve la oportunidad de ser parte de su equipo, algo que fue muy enriquecedor y valoro hasta el día de hoy. Una vez concluido nuestro trabajo allí y con la ayuda de amigos, un estudio de Singapore me ofreció un buen trabajo en aquella pequeña isla del Sudeste Asiático, en aquel entonces pueblerina y con muy poca sofisticación en comparación a Hong Kong pero debido a ello, una gran oportunidad para mostrar mis habilidades .

En Singapur trabajé para SAA (Singapore Associate Architects) un estudio grande y bastante comercial. Mi primer trabajo fue diseñar una vivienda para una señora, Madame Patti Shi, quien años más tarde fue mi asociada en el estudio que formamos llamado Bedmar & Shi que existió por treinta años. Hace tres que ella se retiró, y formé Ernesto Bedmar Architects pte Ltd.

+¿Cómo es el proceso creativo a la hora de comenzar una obra?

Creería que es igual en Argentina que en la China. Para mí un detalle muy importante es poder conocer lo mejor posible a mi cliente, ello me brinda una conexión un poco mayor que la puramente comercial. Una vez captado el deseo del cliente, hago el estudio del sitio y sus alrededores, creo que estos dos puntos son los más importantes, al menos para mí, ello me brinda un buen entendimiento del cliente y del sitio.

Luego comienza el proceso creativo, aportar de la mejor manera posible mi conocimiento y experiencia para poder llegar a un producto final que agrade al cliente y que forme parte del medio ambiente de la manera más tranquila posible.

+¿Considerás que se puede reconocer tu obra?

Sí, totalmente. El hecho de que la mayoría de mis trabajos están en una zona muy tropical, esto nos lleva a desarrollar una arquitectura muy porosa y liviana, desde las estructuras hasta la materialidad, en mis obras hay muchas constantes que son fácilmente reconocibles.

+¿Con qué problemas se enfrenta un arquitecto en la actualidad?

A esto lo podría contestar desde dos puntos de vista. El primero: el hecho de la pandemia que estamos atravesando, está haciendo que lo que producimos tiene que ser distinto a lo que veníamos haciendo. Hoy en día la gente no solo habita la vivienda, también trabaja y estudia allí, lo cual cambia mucho los parámetros conocidos .

Lo segundo: estamos perdiendo los valores individuales y culturales de cada país, vivimos en una internacionalidad muy amplia, un intercambio de información gigante que está destruyendo lo autóctono de cada región, algo que para mí es muy triste porque genera una pérdida de identidad importante.

+¿Qué representa para vos la arquitectura?

La mejor forma de poder expresarme y de sentirme realizado.

El Papagayo, en Córdoba.

+Contanos sobre tu proyecto en Córdoba, El Papagayo.

El Papagayo representa para mí mucho, más que nada porque fue un proyecto que realicé junto a Javier Rodríguez, que comenzó aquí en Singapur cuando Javier vivía en casa y compartíamos muchos momentos y charlas, algo que nos unió mucho como amigos.

Habiendo vivido tanto tiempo en Asia, los espacios suelen ser muy reducidos. Pensamos que el “hueco”, como le llamábamos a ese espacio en el que hoy está El Papagayo, tenia todo el potencial de ser algo único. Si bien era angosto, siempre me atrajeron los restaurantes en los trenes, eran atractivos y tenían un alto grado de intimidad que hacía sentirlo a uno amigo de todos, de allí en más pensamos que ese sitio de 2,30 metros de ancho por 30 metros de largo podría funcionar bien. Las dimensiones y la altura de siete metros creaban algo interesante pero no dábamos con el punto justo hasta que decidí remover la loza de techo y cubrirlo con una cubierta transparente de vidrio y allí estuvo el toque de magia. La transparencia superior no solo bañaba el espacio con luz, si no que brindaba una vista poco común, abstracta. La escultura de Santiago Lena ”La Bandada “, completó la ecuación perfecta que todos hoy disfrutan en El Papagayo. Un espacio que si bien es atractivo, es el talento y carisma de Javier Rodríguez lo que hace el éxito de ese lugar.

+¿Qué consejo le darías a un arquitecto que está recién comenzando o a un estudiante?

Lo primero que sea honesto con él mismo, creo que la honestidad desde el mismo ser a lo que hacemos, es vital para llegar a sentirnos satisfecho. Segundo ,que trabaje mucho, no hay nada como hacer muchos trabajos para poder aprender, el hecho de recibirse es solo un acto intelectual, la formación arquitectónica requiere mucho más que intelectualismo. Y por último, el hecho de conservar la humildad, saber que debemos escuchar y practicar mucho de otros para poder llegar a descubrirnos y ser nosotros mismo. 

Texto: Jimena Sampataro.

 

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