Al estilo de Edición Nº 199
ARTE, MATERIA Y ESPÍRITU
“Una Buenos Aires de árboles centenarios, escalinatas, nieblas que suben desde el río y edificios que muestran la evolución de la arquitectura”, dice Javier Iturrioz. Así describe lo […]
“Una Buenos Aires de árboles centenarios, escalinatas, nieblas que suben desde el río y edificios que muestran la evolución de la arquitectura”, dice Javier Iturrioz. Así describe lo que ve desde la ventana del estudio Montes Iturrioz Arquitectos, en Retiro.
“Estamos frente a la Plaza San Martín y no es casualidad: fue una elección con peso simbólico”. Rodeados de edificios icónicos como el Kavanagh, el Palacio Paz, el Anchorena o el Saint: “El entorno nos inspira una arquitectura que valore la luz natural, las visuales, el recorrido”.
“Teníamos claro que queríamos preservar y poner en valor los rasgos originales del trabajo del Arq. Federico Woodgate”, coinciden Montes e Iturrioz. “El edificio fue construido en 1951 por el Ingeniero Adolfo Trefault y lleva la impronta clásica de un departamento de viviendas burguesas”. La tarea fue adaptarlo cuidadosamente a las dinámicas de un estudio de arquitectura. “Procuramos que mantuviera su espíritu residencial, casi doméstico, pero cubriendo las necesidades de una oficina”.
El equipamiento se pensó dentro de una atmósfera luminosa, con una paleta de color viva, acompañada por obras de arte contemporáneo y grandes maestros. “Buscamos que el espacio no se vuelva técnico o frío, sino todo lo contrario: darle un aire expresivo, arty, más humano”, dice Iturrioz. Y agrega: “Que se sintiera como una extensión de nuestra casa: un lugar donde podamos estar muchas horas sin perder la calidez ni la identidad”.
Otro gesto fue el uso del color como sistema organizativo. “Cada ambiente fue intervenido con una franja distintiva, lo que dio origen a una manera de movernos por el estudio: la sala verde, la amarilla, la naranja… códigos que combinan funcionalidad y carácter”. En las oficinas personales, la selección de colores y materiales fue casi biográfica. “La mía la siento extrovertida y vibrante. Tiene una paleta de naranjas y primarios, combinada con piezas de arte lúdicas”. La de Leopoldo, en cambio, es un contrapunto perfecto: una atmósfera sobria en verde militar, con una colección de fotografías en blanco y negro de piso a techo, esculturas y piezas orientales monocromáticas.
“Somos un estudio que trabaja con arte, materia y espíritu. Por eso, cada sala fue pensada como un pequeño universo visual”.
Hall de entrada: front desk facetado futurista, sillón damasco de natan, lámpara de mesa art déco de guevara gallery, lámpara colgante de madera de dimm iluminación, mesa auxiliar bell en verde, alfombra rainbow diamond (modelo kenneth kemble) y camino london (modelo david lamelas), ambas de lalana rugs. en las paredes, obras de kenneth kemble y carlota ronchietto. escultura “hoja”, de gustavo bemer, “alfil” de cerámica (gavia).
En la sala amarilla: mesa ovni y sillas ergonométricas fax (smart office), mueble de guardado retro (mercado de pulgas), lámpara de agüero iluminación, alfombra lineka (kalpakian). objetos de care y porcelanas italianas, bandejas de habito. detrás: “bitches brew ii”, de kasuya sakai; obras geométricas (juan melé); obra de la serie mujeres (dino bruzzone). “con el apoyo de alba, cada área cuenta con una franja de color diferente”.





Fotos: Daniela Mac Adden
Texto: Vivi Vallejos

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