Edición Nº 188 

Arte delante del telón

Rodeada del parque que Carlos Thays imaginó para el haras de la familia Álzaga Unzué, que luego se convertiría en el San Jorge Village Country Club, la propiedad de estilo […]

El gazebo, donde se ubica el estar, está exento del volumen principal, tiene amplios ventanales y chimenea revestida en espejo que refleja el verde del parque. La lámpara Wireflow de Vibia de Iluminación Agüero y las cortinas le dan escala al espacio de doble altura. Obra de Graciela Hasper.

Rodeada del parque que Carlos Thays imaginó para el haras de la familia Álzaga Unzué, que luego se convertiría en el San Jorge Village Country Club, la propiedad de estilo mediterráneo fue proyectada hace casi dos décadas en un lote generoso por el estudio San Martín Lonné San Martín. Al cambiar de manos, el nuevo dueño decidió encomendarle al arquitecto Martín Zanotti –autor de sus tres casas anteriores- una renovación que respetara y valorizara los ritmos, escalas y volumetrías existentes, pero que diera vida a un interior contemporáneo donde exhibir su colección de obras de arte. 

En la obra de Zanotti es una constante la combinación del diseño interior y el arte: la lámpara colgante, la obra de Riccardo De Marchi y la mesa con tapa de mármol crean una composición inédita. En el paso al gazebo, la escultura de Verónica Artagaveytia queda enmarcada por la ventana.
En la escalera el dinamismo de la obra de Beto de Volder, acentuada por la iluminación cenital suave pero con presencia, contrasta con la arquitectura tradicional. Las circulaciones fueron aprovechadas para darles protagonismo a las obras de arte.
El tono predominante en la obra de Heloisa Crocco funcionó como inspiración al momento de seleccionar el color del cuero para tapizar la cama del cuarto principal, ubicado en la planta alta donde todos los pisos son de madera de roble decapado gris de Indusparquet.
La nivelación de suelos “aterraza” las distintas alturas preexistentes y logra un diseño geométrico funcional a la intensa vida familiar y social de los dueños. La paisajista Florencia Calvella asesoró en la elección de especies. La glorieta funciona como sala de juegos.

Durante la intervención se pintaron las paredes exteriores en color nieve, se pusieron a punto los techos de tejas portuguesas y los pisos de mármol, al tiempo que los de madera de las áreas privadas fueron reemplazados. La cocina se hizo a nuevo. “Nuestra propuesta fue muy fuerte porque pintamos todas las paredes en un gris chinchilla que es un tono un poco amarronado, y seleccionamos los géneros de las cortinas dobles –gasa de lino y lino forrado- en el mismo color”. Tanto los barrales de acero inoxidable como los blackouts están insertos en cajas que recorren todo el perímetro.“Las obras de arte son las que generan el contraste con el gris”, añade el arquitecto, que junto al propietario realizó una curaduría para asignarle a cada pieza su lugar y, en función de ello, se eligió la paleta de colores restante: “cada ambiente tiene como base el gris y un color que lo complementa”. En la misma sintonía, la mayoría de los muebles fueron retapizados, reciclados y se les modificó el lustre o el color para llevarlos a esa misma paleta. “No todo tiene que ser nuevo, me gusta adaptar las cosas”. 

Nota completa disponible en la edición impresa de D&D Nº 188.

Créditos Estudio Martín Zanotti.

Arquitecto Dirección de obra Arq. Franco Dal Lago.

PH: Arq. Daniela Mac Adden.

Producción: Mora Lorenti.

Texto: Marina Aranda. 

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