Edición Nº 187 

Neo racionalismo en la década del sesenta

En mis años de estudiante, tener en los estantes de la biblioteca la edición de Five Architects, publicada en 1972, otorgaba al futuro arquitecto cierto lustre de modernidad y vanguardia. […]

En mis años de estudiante, tener en los estantes de la biblioteca la edición de Five Architects, publicada en 1972, otorgaba al futuro arquitecto cierto lustre de modernidad y vanguardia.

Era un compendio sobre la obra realizada hasta esa fecha de cinco jóvenes arquitectos nacidos y formados en la costa este de los Estados Unidos. Dicho quinteto, compuesto por Peter Einsman (1932) graduado en la Universidad de Columbia; Michael Graves (1934-2015), egresado de la Universidad de Princeton; John Hejduck (1929-2000), diplomado en la Universidad de Harvard; Charles Gwathney (1938-2009), doctorado en la Universidad de Yale, y por último Richard Meier (1934), antiguo alumno de la Universidad de Cornell. Todos ellos alcanzaron visibilidad por primera vez tras una exposición en 1967 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, organizada por su entonces director Arthur Drexler.

Este grupo neo racionalista, unido por un ideal o una estética “corbusierana”, en realidad jamás interactuó como equipo. Luego de esta muestra cada uno siguió su carrera de manera independiente, llegando con el transcurso del tiempo a situarlos en posiciones encontradas, y hasta opuestas.

Los comienzos de sus trayectorias parten de un punto en común: los cinco deseaban reivindicar al maestro suizo Le Corbusier, principalmente a sus obras de finales de la década de los veinte y principios de los treinta.

Luego de este breve camino, cada uno desplegó una carrera propia. Para Peter Einsman el racionalismo era un sistema formal abstracto, sin más relación que las estrictamente ligadas con las funciones del programa y la ubicación la obra. Einsman siguió perseverando tras la búsqueda de su idea sobre las formas abstractas, mientras que Michael Graves resultó, a lo largo de su ejercicio profesional, el más contradictorio de los cinco. De su primera obra, con un claro y deliberado acento en modelos históricos del racionalismo, fue mutando hacia un posmodernismo radical, muy visible en su obra de Portland como en sus posteriores trabajos para los estudios de Disney. El más americano, en lo contextual y en lo histórico, fue Charles Gwathney. Lo podemos ubicar en las cercanías del pensamiento de Venturi, Stern o Charles Moore. Siguiendo su afinidad con las formas puras y geométricas, incorporó un cierto lenguaje vernáculo que lo diferencia de los cuatro.

Al final de su carrera proyectó la ampliación del Museo Guggenheim de Nueva York. El más extremo del grupo resultó sin dudas John Hejduk, con una idea exacerbada entre lo abstracto y lo gráfico, llegando a realizar, por ejemplo, proyectos inspirados en Mondrian. Dejó escasa obra construida, dedicándose principalmente a la docencia y a la investigación. Por último queda Richard Meier, quien presenta la mayor continuidad y coherencia de los cinco, tanto en lo formal como en lo teórico, y es el único que guarda cierta congruencia entre las dos casas que presentó en aquel legendario libro publicado en 1972, y su trabajo posterior. Su obra es extensa y variada y en ella se percibe una constante: el planteo de estructura independiente y de planta libre. Meier se hace visible ese ideal representado en las propuestas exhibidas por aquellos cinco jóvenes participantes de la memorable muestra, que en su momento fue tan elogiada por críticos de la época como Keneth Frampton y Colin Rowe. 

Texto: Arq. Marcelo Nougués.

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