Arquitectura 

Modernismo para un amigo

Un ambiente…una historia / Alejandro Bustillo Mucho se ha hablado sobre la conflictiva relación que mantuvieron como profesional y cliente el arquitecto Alejandro Bustillo y Victoria Ocampo durante el proceso […]

Un ambiente…una historia / Alejandro Bustillo

Mucho se ha hablado sobre la conflictiva relación que mantuvieron como profesional y cliente el arquitecto Alejandro Bustillo y Victoria Ocampo durante el proceso de diseño y construcción de la casa de la escritora, en la calle Rufino de Elizalde, Palermo Chico. La correspondencia entre ambos es un testimonio de lo difícil que resultó la interacción de estas dos personalidades tan opuestas, pero al final tan parecidas. Ambos eran vanidosos y megalómanos, y ninguno estaba dispuesto a ceder ni un centímetro de sus firmes convicciones. Victoria quería sorprender y molestar con su casa moderna, y Bustillo no estaba dispuesto a darle el gusto.

Todo haría pensar que luego de esta tormentosa experiencia no volvería a transitar los senderos del movimiento moderno. Sin embargo, a poco de haber terminado la casa de Barrio Parque, realiza dos magníficas obras de un modernismo sorprendente y singular que lamentablemente fueron demolidas. Se trata de las casas para el escultor José Fioravanti, y a la que nos referimos en esta nota, la del fotógrafo Manuel Gómez Piñeiro. 

Nacido en Vigo en 1900, Gómez llegó a Buenos Aires junto a su padre en 1907, comenzando muy joven a trabajar en la casa Griensu fundada en 1911 con local en Florida 118, y posteriormente con el cineasta austríaco Max Glücksmann. A partir de 1927 se instala por su cuenta como profesional independiente. Considerado como uno de los fotógrafos que dio testimonio de la evolución moderna de la ciudad de Buenos Aires, a diferencia de sus colegas Juan Di Sandro y Horacio Coppola, Gómez enfoca su lente en los más importantes edificios construidos entre las décadas de 1930 y 1960. Fue fotógrafo oficial de la Editorial Contémpora que publicaba la Revista Nuestra Arquitectura, y Casas y Jardines; también colaboró activamente con la Revista de Arquitectura, publicación oficial de la Sociedad Central de Arquitectos. Los estudios más prestigiosos de la época lo convocaban para documentar sus obras terminadas. Trabajó con los más renombrados arquitectos de la época, pero con Alejandro Bustillo se vinculó de una manera diferente. 

Contrariamente a lo que podemos prejuzgar, Bustillo era una persona simple y campechana, y su costado artístico lo vinculaba con sus pares desde otro ángulo. Tanto en el proyecto de Fioravanti como en el de Gómez, no entra en el conflicto que mantuvo con Victoria Ocampo. Al contrario, diseña a gusto esta casa para su amigo fotógrafo, logrando un resultado más coherente que en Rufino de Elizalde, donde se distingue su descontento en la fachada al aplicar forzadamente ejes académicos en plantas y aberturas. Los interiores de la vivienda de Gómez son despojados y elegantes, hablan del refinamiento de su propietario. Ciertos gestos comparables a los ambientes de lo de Victoria Ocampo se observan en ambos comedores, con sus sillas cubiertas por fundas hasta el piso. Esta impronta nos habla de un lenguaje muy en sintonía con los primeros trabajos de Jean-Michel Frank y los comienzos de la empresa Comte.

Alejandro Bustillo no renegó nunca de estas pequeñas casas de estilo moderno, como pasó con la de Victoria Ocampo. Tal vez por estar ubicadas en barrios no tan centrales y protagónicos, o porque no ponían en evidencia su ambigüedad estilística al confrontarlas con obras muy académicas del mismo periodo. Posiblemente su mayor satisfacción fue que ambos comitentes eran amigos, sensibles y talentosos, a los que admiraba y respetaba, y con quien compartía su pasión por el arte y la arquitectura.

Texto: Marcelo Nougués

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