Entrevistas 

La sabiduría de los pueblos originarios

Entrevista Vilma Díaz y Zárate Para los pueblos ancestrales, no sólo los de América, sino de todos los continentes, las artesanías son objetos que representan su mundo simbólico, cuenta la […]

Entrevista Vilma Díaz y Zárate

Para los pueblos ancestrales, no sólo los de América, sino de todos los continentes, las artesanías son objetos que representan su mundo simbólico, cuenta la antropóloga Vilma Díaz y Zárate, directora de la Asociación Runa Wasi, miembro del Consejo Interamericano de Espiritualidad Indígena (CISEI y del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir). Algo común a todos los pueblos originarios es su delicada relación con la tierra, cuenta Vilma, con una larga trayectoria personal y de estudio sobre el tema del que habla con pasión. 

Los indígenas cuando tienen que usar un elemento de la naturaleza, hacen ceremonias para pedir permiso, y luego para agradecer. Si tienen que sacrificar un animal, elijen al más viejo, si se trata de una planta, la más grande. En los bosques aprovechan los árboles caídos. Para ellos hay espíritus protectores que podrían ocasionar daño si no se los respeta. Siempre están atentos a la regeneración, y a no agotar. Usan absolutamente todo lo que pueden. Son, por esencia, ecologistas. Pero esa relación está en conflicto hace años: para los indígenas no se daña el lugar donde viven, porque es su madre. “Cuando ven las topadoras arrasando montes para plantar soja, imaginemos el desgarro que deben sufrir: allí no sólo está su alimento, también está su cultura. Lo viven como un cataclismo”, reflexiona. 

¿Qué ejemplos podemos encontrar de esa carga simbólica?

El tejido es un lenguaje, a veces manejado intuitivamente por las tejedoras, pero con un sentido profundo en sus tramas. En la cultura mapuche las madres tejen la colcha de cama para la hija que se va a casar. Y es doble el tejido, un diseño de cada lado. Muchas  artesanías representan la dualidad: lo que se ve y lo que no se ve. También el uso de los colores tiene un sentido para esa cultura. El rojo está prohibido en ceremonias porque evoca la sangre de los ancestros caídos; pero el blanco y negro, muy usado, también refiere a la dualidad. Es como el ying yang de los chinos. En la cerámica usan vasijas de dos o cuatro picos que tienen sentido desde lo numérico. El zigzag tan usado en los diseños casi siempre representa la víbora o la montaña. 

La percepción común que tenemos de las artesanías no parece dar cuenta de esos sentidos…

No sólo con los diseños, sino también con el trabajo que llevan. De jóvenes usábamos las “yicas”, esas carteras tejidas emblemáticas de la moda hippie local. También con ese textil se hacían chalecos y polleras. No sabíamos del trabajo impresionante que hay detrás de esa fibra elaborada por los pueblos wichis, qom, pilagá y guaraníes. Se obtiene del chaguar, planta que hay que recolectar en el monte, luego pelar, humedecer, machacar e hilar en un lento proceso, usando hasta las piernas. Y se tiñe con tinturas naturales de plantas que hay que recolectar y procesar. 

¿Qué rápido recorrido podríamos hacer de las artesanías a partir de los materiales que usan?

La cerámica siempre estuvo relacionada con lo utilitario, con la cocina, aunque también las vasijas en algunas comunidades del norte argentino fueron urnas funerarias, y usadas para representar su medicina y lo espiritual. Los metales tienen gran importancia para la nación mapuche: la plata representa la luna y lo femenino. Las mujeres aún usan en las ceremonias sus grandes pectorales y vinchas de plata. Para los pueblos andinos, el oro era para los dioses y se relaciona con el sol, que es masculino. Los pueblos de la selva usan la madera, con ella enseñan la talla a sus niños. El cuero de guanaco era usado ancestralmente en el sur por tehuelches y selknam u onas  (indígenas de Tierra del Fuego). Hacían sus capas –quillangos-, y sus toldos para vivir, que pintaban por fuera. El cuero de potro fue usado para botas y carteras. La piedra era para fabricar herramientas, cuchillos. Estaba unida a la montaña y fue soporte de grandes morteros comunitarios, o de pinturas rupestres con escenas de vida cotidiana o del plano espiritual. 

Las artesanías eran en realidad objetos de la vida cotidiana de estos pueblos, ¿qué sucede cuando aparece la demanda del mercado?

Los artesanos comienzan adaptarse a lo que les piden. Y así cambian diseños originales por más coloridos, y a producir cosas que no hacían: la bolsa para las hojitas de coca se hace para el celular. El dinero produce con el otro una relación desigual, donde no se relaciona el trabajo de una artesanía con lo que se recibe a cambio. La aparición del dinero es determinante y cambia todo. Pero, aun hoy, hay diseños que sólo son para los abuelos de las comunidades. Son cosas muy sagradas que no se venden. Otro tema es la aparición del plástico y entonces, sobre todo las jóvenes, dejan de tejer porque una bolsa de plástico cumple la función de un tejido tradicional. De allí la necesidad de proteger estos legados.

 

Hacedoras por el buen vivir

Desde 2015 el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir nuclea a 36 naciones originarias de la Argentina. Esta organización impulsa el lanzamiento de la marca colectiva Hacedoras por el Buen Vivir para reunir artesanas indígenas con objetivos muy precisos: protección del trabajo y saberes tradicionales, comercio justo, respeto y cuidado de la madre tierra. 

Las artesanas han sufrido siempre la degradación de su labor por intermediarios que condicionan y mal pagan la producción. El movimiento pretende “impulsar la autonomía y la autodeterminación para cuidar y recuperar conocimientos y ofrecerlos a la comunidad, como el arte textil, la producción de alimentos saludables y medicinas naturales.” También tendrán una plataforma virtual para garantizar autenticidad y comercialización transparente. Sostienen con sencillez “la necesidad de un cambio de paradigma donde la solidaridad se sostenga a través de la reciprocidad y el respeto”.

Instagram: @mmujeresindigenas Facebook: Movimiento de Mujeres Indígenas por el buen vivir.

Texto: Pablo Sáez

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