EDICIÓN Nº 177  Sin categoría 

Jansen en La Habana

Un ambiente… una historia Ubicada en la calle 17 y E, en el otrora elegante barrio de Vedado en la ciudad de La Habana, el palacio Revilla Camargo sobrevive altivo […]

Un ambiente… una historia

Ubicada en la calle 17 y E, en el otrora elegante barrio de Vedado en la ciudad de La Habana, el palacio Revilla Camargo sobrevive altivo entre casas derruidas y jardines desbordados por la vegetación tropical. Construido entre 1924 y 1927 para el magnate azucarero José Gómez Mena, terminó finalmente habitado por su hermana María Luisa, casada con Agapito de la Cagiga Aparicio, un rico empresario español ennoblecido por el rey Alfonso XIII con el título de Conde de Revilla de Camargo. 

La casa de estilo Luis XVI fue proyectada en París por los arquitectos Virad y Destuque, célebre dupla que trabajaba para una clientela internacional de aristócratas.

Del mismo modo que René Sergent nunca pisó Buenos Aires y sus obras eran dirigidas y realizadas por el estudio porteño de Lanús y Hary, estos profesionales le encargaron el proyecto a Adrián Macia, un muy respetado arquitecto e ingeniero cubano. La casa Jansen, que tenía sucursal en la Habana, tuvo a cargo la decoración del interior y de sus jardines. El gran salón revestido con una boiserie Luis XV de época, y completada por réplicas realizadas en los talleres de Paris, fueron enviadas a la isla junto con el resto de la decoración.

La casa fue centro de la vida social y cultural de La Habana en los años anteriores a la revolución. Dos años después de la llegada de Fidel Castro al poder, la condesa – que lo apoyó al comienzo de su lucha -decide partir a Palm Beach a pasar el invierno. Antes de abandonar la propiedad, sospechando que tal vez la situación empeoraría, escondió parte de su colección en un doble muro que fue descubierto dos años después durante una reparación.

En 1964 el palacio fue confiscado por el gobierno y convertido en el Museo de Arte Decorativo, con claras intenciones y mensajes políticos pro revolucionarios. Al exhibir los tesoros de los Condes de Revilla Camargo, quedaba en evidencia la riqueza de este grupo social y subrayaba las diferencias de clase en la Cuba pre castrista. María Luisa muere en el exilio en 1963, sin antes desquitarse, enviando una ponzoñosa carta al doctor Fidel Castro, plagada de ironías y críticas. En 2003, mientras restauraban un entelado de damasco arruinado por la humedad, aparecieron varias pinturas del cotizadísimo pintor francés del siglo XVIII, Hubert Robert, ocultas por cuatro décadas. Visitar hoy el museo es una experiencia casi surrealista. Pese a estar mantenido con un magro presupuesto y restaurado con poco conocimiento y profesionalismo, en el recorrido se puede intuir e imaginar la vida mundana y social de una gran familia cubana en los años anteriores a la revolución castrista.

Texto: Arq. Marcelo Nougués

 

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